Hiram Ruvalcaba

Un libro de fantasmas y pasiones es Los niños del agua, de Hiram Ruvalcaba

La figura paterna está rodeada de respeto, pero el 40 por ciento de los mexicanos vive sin ella: Hiram Ruvalcaba

La técnica que eligió en Los niños del agua es precisamente una crónica, donde Ruvalcaba relata el hallazgo de una persona en Japón que había construido una cabina telefónica para que las personas hablen con los muertos. “Mucha gente va a hablar con sus muertos y yo fui a hablar con sus hijos”, revela.

Ciudad de México, 13 de diciembre (MaremotoM).- Una de las cosas más vistosas de la reciente Feria Internacional del Libro en Guadalajara fueron sin duda las playeras que llevaba el escritor Hiram Ruvalcaba. Estaba en el stand de la Universidad Autónoma de Monterrey, presentando como es obvio su gran libro Padres sin hijos (UANL).

Nació en 1988, es muy joven, pero precisamente su libro lo ha llevado a ser considerado uno de los nuevos escritores, uno de esos en los que podemos confiar y que está trayendo una literatura más reflexiva que folclórica, más honda que regodearse en los paisajes y personajes de un México al uso.

Hiram Ruvalcaba
El libro editado por Tierra Adentro. Foto: Cortesía

Tal es así, que su segundo libro Los niños del agua (Tierra Adentro/CFE) lo muestra muy interesado en Japón y sus costumbres, haciendo hincapié otra vez en la paternidad.

“Es un libro donde vierto muchos de mis fantasmas y de mis pasiones”, dice en la Feria Internacional del Libro. “Conforme iba avanzando fue el tema de los abortos, la pérdida de los bebés, siempre me llamó la atención que el hombre no tiene ningún soporte emocional. A las mujeres se las cobija, se las arropa, es un dolor muy grande. Cuando tienes un embarazado deseado generas un vínculo emocional con lo que se está gestando y si ese vínculo se rompe hay un luto”, agrega Hiram.

“Antes, cuando se moría un bebé no se lo mostraban a la madre, pero ahora sí, para que lo toquen, lo vean y ella pueda desprenderse. Es una existencia que estuvo ahí y de repente se va. En el caso de los hombres, nos toca vivir esta situación, no sabemos a quién recurrir y cuando me pasó hace unos años intenté ocultarlo como todo macho de Jalisco, el tema es que volvía una y otra vez y me sumergía en las aguas del dolor”, expresa.

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La técnica que eligió en Los niños del agua es precisamente una crónica, donde Ruvalcaba relata el hallazgo de una persona en Japón que había construido una cabina telefónica para que las personas hablen con los muertos. “Mucha gente va a hablar con sus muertos y yo fui a hablar con sus hijos”, revela.

Hiram Ruvalcaba
Cuando me pasó hace unos años intenté ocultarlo como todo macho de Jalisco. Foto: Cortesía FIL en Guadalajara

Algo que lo define como escritor y también como ser humano es precisamente la muerte prematura de su hijo. Prueba de ello es que se fue a las ceremonias de los “mizuku”, una especie de funeral para los bebés muertos. Son templos budistas dedicados a Jizō, un ser supremo (bodhisattva), guardián de los niños. En estos templos, hay cientos de estatuas de bebés, muchos de ellos con baberos y gorritos, para preservarlos del frío. Incluso, junto a ellas, se ven golosinas, flores y juguetes llevados por sus padres.

“Hay un bosque lleno de estatuas en Tokio, algo bellísimo, frente a este deslumbramiento espiritual decidí escribir la historia de los niños muertos, no sólo la mía sino la de mucha gente. Esta clase de dolor nos tiene que hermanar, algo nos une”, dice el autor nacido en Ciudad Guzmán y a quien lo llaman a veces “el cuentista de la tierra de Arreola”.

“La intención sigue siendo la misma, presentar los puentes culturales que hay entre México y Japón. Hay muchos temas para mí, que soy estudioso de la literatura japonesa. Hay un pueblo en Japón donde una empresa comenzó a derramar tóxicos en el mar y la gente comenzó a morir por envenenamiento de Mercurio. Una escritora japonesa escribió una crónica muy a lo Svetlana Aleksiévich y lo relaciono con un pueblo de Jalisco que se llama El Mentidero, los niños comenzaron a presentar síntomas de intoxicación. La crisis ecológica está ahora en un momento crítico en Jalisco”, afirma Hiram, una persona que no acostumbra a mezclar géneros, aunque “es justo darse siempre licencias”, afirma.

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