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Un libro no hace una obra, solo es un escalón

Siempre me ha quedado claro que no podemos sobrestimar el libro propio por el tiempo que nos llevó escribirlo, las horas que le dedicamos, las madrugadas ante la computadora, los eurekas y los momentos de franca decepción por escribir una novela, porque estas también se escriben, desde el duelo, el enojo, el fastidio.

Ciudad de México, 8 de marzo (MaremotoM).- Hace meses una buena amiga en el medio me dijo una gran revelación: “Hay autores que quieren más de lo que su libro puede dar”. Me sentí reflejado al instante o más bien, re-recordé una máxima cotidiana, de facto, que se refiere a que no existe ni una fórmula para garantizar que las obras literarias permanezcan no solo entre el público, sino en el mismo medio literario llámese el mexicano, español, de LIJ, de comercial, etcétera.

Siempre me ha quedado claro que no podemos sobrestimar el libro propio por el tiempo que nos llevó escribirlo, las horas que le dedicamos, las madrugadas ante la computadora, los eurekas y los momentos de franca decepción por escribir una novela, porque estas también se escriben, desde el duelo, el enojo, el fastidio.

Afortunadamente, conocer ayuda, me refiero a conocer la dinámica de las librerías, de los editores grandes como un trasatlántico o veloces y libres como una independiente, pero la permanencia de un libro tiene muchos otros factores y no siempre es la editorial: siempre es el autor: si espera que la editorial haga todo por ellos o se mueve, a veces las librerías, si del catálogo que les muestran deciden tomar tal o cual título porque le ven futuro o solo quieren calarlo,  a veces también es la editorial, que no siempre tiene la capacidad para remover todos sus tentáculos porque o publica muchos libros o no tiene el suficiente personal y también los medios y los periodistas culturales, que deciden a qué autor le dan una plana, a cual ni siquiera entrevistan.

Luego los mismos clanes literarios que se mueven por simpatías, proximidades, rivalidades o franca enemistad y recomiendan o no los títulos; también la burocracia cultural en todos sus frentes que apuestan por equis autores que suenan más que otros y los invitan a ferias, presentaciones, talleres y no les quedan mal.

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Finalmente, los lectores, compuestos por todo tipo: académicos, escolares, de clubes de lectura, lectores de a pie, maestros, etcétera, quienes sobre eso que sí les llega aún deciden qué tomarán por gusto, por calidad, por simpatías, etcétera.

Solo por mencionar la academia: basta que un crítico tome una decisión desde sus gustos y estructuras para que salve un libro y un autor y al mismo tiempo condene a toda una generación y lo mismo se replica en todos los frentes. Y muchas veces, por no decir casi siempre, el resultado de un libro pocas veces tiene qué ver con la calidad con la que fue escrito.

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Libros y más libros. Foto: Cortesía

Como autor me ha tocado estar en todos los escenarios, tanto de libros que no han logrado permanecer como yo quisiera o aquellos que siguen imprimiéndose y gozan de salud, por decirlo de alguna manera.

De editoriales que se han mantenido conmigo, como aquellas para quienes mis libros y yo mismo ya no son parte de su presente porque claro, las editoriales también cambian con el tiempo.

He tenido la fortuna de ser publicado en muchos tipos de editoriales; pero sé que no todos los libros están destinados a ser un éxito. ¿Por qué deberían serlo? es tema para otro post.

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Podrás hacer, aprender, prosperar y disfrutar de este tiempo mientras creas magia con tu mente. Foto: Cortesía

Aquí, si de algo sirve para mis contactos, específicamente autores y autoras, espero les sirva esto: que no todos los libros dan lo que uno quiere; que los factores inciden demasiado y tiene qué ver con la editorial que los publica, su interés en darlo a conocer, la prensa y el estado de la misma, la manera como se hace visible el libro, etcétera.

Creo que al menos, en el primer escalón, deberíamos preocuparnos saber realmente qué puede hacer el libro por sí mismo y medir bien el entorno. Lean el entorno. Por eso también es importante seguir escribiendo: un libro no hace una obra; solo es un escalón y puede que al siguiente alcancen un poco más de lo que quieren.

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