Enrique Serna

“Un periodista mercenario tan exitoso solo pudo existir en la época de la dictadura del PRI”: Enrique Serna

LECTURAS | El vendedor de silencio, de Enrique Serna

El escritor publica El vendedor de silencio (Alfaguara), donde retrata al personaje Carlos Denegri, un periodista muy poderoso de la dictadura, un gran machista y como diría Julio Scherer: “el mejor y más vil de los reporteros”.

Ciudad de México, 13 de septiembre (MaremotoM).- Lo primero que le pregunto al escritor Enrique Serna qué se siente haber escrito lo que ya se considera es la novela del año.

Se pone un poco colorado y dice que siempre está inseguro. Que los primeros día ve cuáles son las reacciones a ver si de todos modos él no se ha equivocado.

Leo en el Facebook, cuando pongo su foto: “Estoy embebido en la lectura de El vendedor de silencio, una novela increíble de no haber sido un hecho de la vida real; cada página que paso me hace entender que la constante en la política mexicana y sus múltiples relaciones es la pudrición sin más y esta flamante novela de Don Enrique Serna es la cirugía que la política sin escrúpulos requería para sacar de sus entrañas toda la podredumbre que nunca tendrá fin en sus oscuras cloacas”.

El vendedor de silencio (Alfaguara) es el reflejo de la dictadura priísta con un personaje llamado Carlos Denegri, el líder de opinión más influyente de México de mediados del siglo XX.

“Los periodistas debemos estar informados de todo, pero no necesariamente divulgarlo. Para serte franco, un periodista gana más dinero por lo que se calla que por hacer alharaca. En este negocio no sólo vendemos información y espacios publicitarios: por encima de todo vendemos silencio”, es un pensamiento del personaje central de esta novela, un fantasma que muchas veces lo ha encandilado un poco a Serna.

Julio Scherer lo llamó “el mejor y el más vil de los reporteros” y Enrique lo pinta como el misógino y machista más peligroso del Oeste.

Enrique Serna
El vendedor de silencio. Foto: Cortesía

“Denegri era capaz de destruir la carrera política de cualquiera desde su columna, o sus programas de radio y de televisión. En su Fichero Político, donde fungía como vocero extraoficial de la Presidencia, cobraba todas las menciones y podía difamar a cualquiera con impunidad absoluta. Según Carlos Monsiváis, un coscorrón en esa columna representaba una temporada en el infierno para cualquier aspirante a un cargo público. Aunque ganaba millones por publicar alabanzas, se hizo más rico aún por medio de la extorsión, callándose lo que sabía de sus poderosos clientes. Por décadas disfrutó y abusó de la impunidad que le regalaba el codearse con miembros encumbrados de los ámbitos empresarial y político. Políglota, de buena presencia, hijo de un diplomático y un verdadero casanova, podía desenvolverse como un dandy encantador, pero bajo los efectos del alcohol se transformaba en un hombre violento y cruel, en especial con las mujeres”, dice la sinopsis.

–¿Qué sientes cuándo sale tu novela y todo el mundo dice: esta es la novela del año?

–Siempre estoy muy inseguro sobre el valor de mi trabajo. Y temeroso. Soy bastante autocrítico, siempre me queda la duda de si eso que quedó bien para publicarse está de veras así. Necesito empezar a ver las reacciones para ver si lo que intenté tiene buenas respuestas o no.

–Carlos Denegri representa el pasado inmediato de México. ¿Cuántos personajes hay como él?

–En su época hubo varios, ninguno tan poderoso como él, pero hubo varios que recibían órdenes del Gobierno y eran como marionetas del poder. Lo que pasa es que Denegri destacaba mucho más porque era políglota, tenía una amplia red de contactos internacionales, colaboraba en Time, en Life, era muy codiciable para los políticos de la época porque se les paraba el cuello cuando este periodista los entrevistaba.

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Era inteligente pero en la materia de inteligencia emocional era un hombre que estaba quebrado y roto, probablemente desde la infancia. Foto: MaremotoM

–¿Era muy inteligente o era manipulador?

–Era inteligente pero en la materia de inteligencia emocional era un hombre que estaba quebrado y roto, probablemente desde la infancia. Un hombre muy atormentado, peleado con su propio éxito y era eso lo que me atraía del personaje. Porque el machismo patológico era una constante en aquella época, pero había muchos hombres que tenían autocontrol, jamás tomaban una copa, por ejemplo. Mientras que Denegri tenía una debilidad de carácter que lo empujaba hacia el despeñadero, con más fuerza incluso que la ambición. Para un tratamiento novelesco, que se convierte en un teatro donde los hombres luchan con sus demonios. A Denegri claramente los demonios lo acabaron venciendo.

–Es un mundo tan machista el que relatas

–Es un mundo donde los secuestros de esposas estaban a la orden del día. Es algo que hacían impunemente los políticos más encumbrados de la época. Cualquier brote de independencia por parte de la mujer era una alarma para estos machos dominadores, como Denegri. El machismo consiste en concebir las relaciones amorosas como relaciones de poder. La época era una glorificación de este poder masculino. Fíjate en los charros del cine mexicano, donde hay un exhibicionismo mayor que al de la mujer. El traje es tan vistoso, que a la mujer no la ves. Los machos de esa época se querían imponer a la mujer incluso en la coquetería.

Enrique Serna
Todos los novelistas nos inventamos un yo potencial al que colocamos en unas circunstancias que pueden ser muy diferentes a nuestra propia vida. Foto: MaremotoM

–¿Relatando el machismo de Denegri analizaste tu propio machismo?

–Bueno, creo que todos los novelistas nos inventamos un yo potencial al que colocamos en unas circunstancias que pueden ser muy diferentes a nuestra propia vida, pero sí tenemos que ver las zonas oscuras de nuestra alma para poder darle vida a un personaje. Yo debo de tener algunos gérmenes de ese machismo, pero en una dosis muy pequeña comparada con un hombre así. Esos pequeños gérmenes me sirven a mí para entender los mecanismos mentales de un personaje como este.

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–¿Ha ido cambiando esos gérmenes que tienes con el tiempo?

–Yo me considero muy feminista. Claro, sin llegar a extremos en creer que todas estas denuncias del #metoo son correctas. Me parece que ha habido una mezcla entre la denuncia de delitos y las denuncias de intento de ligue. Creo que el feminismo se ha vuelto puritano.

–Echeverría tiene un gran rencor contra Denegri. ¿Es el rencor es una muestra acabada de lo que es la cultura mexicana?

–Yo creo que el rencor y la envidia existen en todas las culturas. Son debilidades del ser humano. En este caso es un rencor acumulado durante muchos años. Echeverría, no ha muerto, todavía está dando guerra y vive en Cuernavaca, le gustaba mucho visitar las redacciones de los periódicos cuando era joven. Le hubiera gustado ser periodista y estuvo en esas tertulias de Porfirio Barba Jacob, como lo cuenta Fernando Vallejo en su libro El mensajero. Era un personaje totalmente diferente de Denegri. Era un asceta, con una disciplina rígida, que estoy seguro eso le debe haber causado cierta repulsión hacia Denegri.

Enrique Serna
Había una leyenda negra sobre el personaje dispersa. Foto: MaremotoM

–¿Por qué te interesó Denegri?

–Porque había una leyenda negra sobre el personaje dispersa. Anécdotas narradas por sus contemporáneos que fueron publicadas en libros o en entrevistas y también de boca en boca. Pensé que valdría la pena juntar los fragmentos dispersos de esa leyenda y sostenerlos con una columna vertebral de causas y efectos, que esas son las tramas novelescas. Denegri entró a caballo en la clínica donde agonizaba su padrastro, que lanzó a una sirvienta y se la llevó arrastrando por las calles, eran cosas que se sabían, pero no sabíamos por qué. La novela tiene que hilar más fino para saber qué pasaba en el alma de este sujeto para llegar a eso.

–Uno como mexicano se ve en el espejo que muestras

–Sí, por supuesto, porque un periodista mercenario tan exitoso solo pudo existir en la época de la dictadura del PRI y en el apogeo de esa dictadura, además. Lo que quise fue narrar como telón de fondo el proceso degenerativo de un régimen que llegó al poder a balazos, creó un monolito invencible, una aplanadora electoral, que trataba en concentrar en el partido a todas las fuerzas de la sociedad, a imitación del corporativismo de Mussolini, tal cual lo ideó Plutarco Elías Calles, cuando formó el PNR. A pesar de que tuvo un oasis en el sexenio de Lázaro Cárdenas, nunca pudo renunciar a su espíritu autoritario. Entonces necesitaba una prensa absolutamente servil y aduladora, un poco para dar esa sensación de unanimidad, como ocurre en todas las dictaduras.

–¿Julio Scherer sería antítesis de Denegri?

–Sí, yo digo en la posdata del libro que los dos son personajes arquetípicos. Si Denegri es el Anticristo, Scherer es el Ángel Exterminador. Scherer, cuando entra a dirigir el periódico en 1968, quiere limpiar el diario de los elementos que le parecen más vergonzosos como es el caso de Denegri. Lo empieza a hacer a partir de 1969, cuando Denegri ya no publica. Cuando fue Denegri a cubrir el lanzamiento de Apolo XI ya no le publicaban los reportajes, lo que debe de haber sido un golpe psicológico sobre él, que ya era vulnerable.

–En la posdata también le agradeces a tu esposa…

–(risas) Sí, cuando me aplacaba con látigo cuando me poseía el fantasma de Carlos Denegri. Yo todo el tiempo estaba tratando de pensar qué podía detonar en él el enfurecerse con alguna de sus parejas. Ese es un trabajo de interiorizar, meterte en el alma del tipo…

–Una persona así es enferma, como hay muchos enfermos en el periodismo

–Bueno, creo que en todas las profesiones, nadie se salva. En el caso de Denegri lo ensoberbecía el llegar a sentir que gobernaba desde sus columnas periodísticas. Era la voz del poder, si hacía un pronóstico ese pronóstico se cumplía. Ya sus jefes le habían dicho lo que iba a pasar. Tenía la misma impunidad que un Presidente de la República. Y eso se representaba mucho con la impunidad que retrataba a sus mujeres.

–¿Qué piensas hoy del periodista?

–Por el auge de las redes sociales, a pesar de ellas, los periodistas siguen cumpliendo una función muy importante. Cuando un lector cree en un medio, las publicaciones de ese medio tienen más autoridad de lo que pueda decir alguien en las redes sociales, donde corren tantas fake news y tantos borregos. Ojalá por el bien de todos se mantenga esa credibilidad del periodismo. En México el periodismo ha mejorado.

–¿Qué dirías de la novela mexicana hoy?

–La novela mexicana está en una muy buena efervescencia, con novelistas de distintas generaciones que están en activo. A pesar de que todos los escritores tenemos a un público muy reducido siguen proponiendo cosas interesantes, invitan a los lectores sobre la historia y la condición humana. Todos los escritores tenemos una imagen ideal de la novela que queremos escribir y entonces la tarea de un escritor consiste en tratar de acercarse lo más posible a esa imagen ideal sin autoengañarse. Ese es un trabajo que se sufre y se goza cuando uno siente que ha logrado vencer a las dificultades.

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