Rompan Todo

Un público histérico: te amo, te odio, dame más

El rock lo contiene todo: desobediencia y libertad, poesía y miseria, dólares y belleza.

Ciudad de México, 22 de diciembre (MaremotoM).- Es hora de que se cuente la historia del rock en Latinoamérica. Ya son muchas décadas, mucha música, un tanto de rebeldía, pero sobre todo una gran industria que acaban creando desde Buenos Aires, Ciudad de México, Miami y Los Ángeles, un corpus amorfo pero atrayente para ahondar en él.

La movida que consumen millones desde finales de los ’60 ha dado grandes momentos para el arte local. La poética, las armonías, las historias de los chicos que antes gritaban libertad o amor y los que ahora buscan likes en las redes sociales.

El rock lo contiene todo: desobediencia y libertad, poesía y miseria, dólares y belleza.

Netflix, dominador absoluto del consumo del entretenimiento, funciona a su modo de intelectual orgánico y provee, en este sentido, de un enunciado absoluto sobre el estado de las cosas. Otorga unas gafas para ver el mundo a una sociedad que quiere deglutir diversión y nada más que diversión para cualquier asunto: asesinatos, narco, dragones, ajedrez, deportes… y rock. Lo que sea, con tal de abatir la abulia.

Los medios de comunicación buscaron durante años el dominio del discurso. Los gobiernos totalitarios lo lograron por mucho tiempo. Sin embargo, las sociedades más libres, plurales y democráticas, se medían por la capacidad de apertura de sus radios, televisoras y periódicos.

Rompan todo
Qué lindo ver a Jorge González. Foto: Cortesía Netflix

Hoy, muy a su pesar, cedieron esa hegemonía a las redes sociales, donde se dirimen los grandes debates y crean una conversación efímera que erige reinos de pensamiento (débil) y percepción (contundente), solo para destronarlos tres minutos después.

Todo esto es posible gracias a esa condición sin rumbo aparente de la masificación del consumo contemporáneo. Cuestión que, por cierto, y ya que estamos hablando del tema, se reflejaba a su manera en algunas letras el rock argentino de hace años: “Te amo, te odio, dame mas” (Peperina, Serú Girán) o “No sé lo que quiero, pero lo quiero ya” (Lo quiero ya, Sumo).

Entonces, este público demandante como mamífero hambriento, que no sabe lo que quiere, pero lo quiere ya, consigue por fin que lo amamanten con productos instantáneos y de dudosa nutrición. Las actuales generadoras de contenidos son la máquina perfecta para la producción incesante de este tipo de productos. Llegar a todos, y llegar ya.

El público contemporáneo, de carácter insatisfecho, acrítico, sensible, infantiloide en el peor sentido del término, histérico y ofendido, obtiene así su breve tiempo de entusiasmarse, emocionarse, frustrarse, enojarse, y volver a entusiasmarse, así el tiempo que dure la conversación.

En esta lógica-Netflix, si hay que contar la historia del fútbol latinoamericano, así, en general, se prescinde de las jerarquías, que discriminan, y se ponen al mismo nivel a Maradona, Pelé, Messi, Chicharito Hernández y al Chamaco Valdés del Colo Colo. Cada uno tiene su nicho de mercado al que atender, entusiasmar, emocionar, en contra de otros tanto que se enojarán, frustrarán, etc…

Las jerarquías y el ordenamiento en el consumo permiten una aprehensión del mundo más real y crítica y un pensamiento más profundo. Pero no hay tiempo para eso. El mercado no se lo puedo permitir, y lo peor de todo, el público no lo quiere.

Rompan todo, la serie de Netflix de la que todo mundo está hablando, al menos esta semana, se publicita como “la historia del rock en América Latina”. El público se echa en masa a verla y a comentarla en las redes sociales (a entusiasmarse, emocionarse, enojarse….)

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El crédulo público sentado en el sillón recuerda que la palabra rock tenía algo que ver con rebeldía o antisistema. Se supone, entonces, que va a ver la historia de unos muchachos pelilargos que derrotaron gobiernos y dictaduras. Nada de eso, porque el rock dejó de ser antisistema media hora después de su creación.

Otra parte del público echado en el puf se dispone a ver “la historia”: espera datos interesantes, un relato exhaustivo que le permita conocer algo que no conocía y recordar momentos que muy probablemente haya vivido.

Malentiende, a los pocos minutos, que Rompan todo no cuenta la historia del rock, si no la historia de la industria del rock en Latinoamérica. Punto de vista legítimo, sin dudas, porque el rock es un gran negocio.

La audiencia, desde la cama, se enfurece porque la historia está sesgada. Contar una historia es elegir qué se cuenta y qué se deja afuera. La parte incluida, debe funcionar como una sinécdoque que lo cuente todo. Sin embargo, lo que queda fuera, también aporta al relato.

Es imposible contar una historia completa. Y si el público lo sabe, ¿por qué se enoja cuando no ve su propia visión?

El entusiasmo está hecho también de responsabilidad. Como cuando votamos. No podemos desentendernos de la responsabilidad de ciudadano y decir Fulano de Tal me decepcionó.  A veces vemos candidatos más inventados por nuestros deseos, que por lo que realmente son. Con nuestro consumo es igual, aunque menos dañino. Pero en el consumo cultural se juegan nuestras creencias, nuestros deseos, y claro, nuestra visión del mundo.

Que si Rompan todo es un pastiche que mezcla muchas cosas. Que si es la visión personal de Santaolalla (o de Santa Toalla). Que si los argentinos se enfurecen por el trato a Charly García, porque la serie minimiza a Fito Páez o da una dudosa versión de Soda Stéreo. Que si los mexicanos se emocionan nostálgicos cuando ven pasar las bandas de su vida. Que si los colombianos, que si los chilenos… Que si en el mismo relato está Víctor Jara y Maná (¿y por qué no? Eso es Latinoamérica). Que si el producto, es, en definitiva, técnicamente impecable, de una edición excelente y súper emotivo si te dejas llevar. Que si todo eso y todo lo contrario.

Que si al final de las horas es difícil quedarte con algo, también. A veces parece como un subidón de adrenalina, que cuando baja no queda casi nada.

Pero el público debería tener disparada la curiosidad, no el capricho vacuo y la pataleta. Si la serie falla, fuera de ella hay de todo para completar la historia que cuenta o no cuenta: allí están Spotify y Youtube con todas las de canciones de, por ejemplo, Serú Girán. Acaso la curiosidad de descubrir esta banda, sin dudas la más grande de todo el continente, valga la pena. Esa o la que quieran. Te amo, te odio, dame más.

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