Un silencio bien administrado es una obra de arte: Ariana Harwicz

Los personajes de Ariana Harwicz tienen un monólogo interno a través del cual se explican su lugar en el mundo, desde ahí es fácil atisbar la profundidad de su existencia.

Guadalajara, Jalisco (MaremotoM).- Los personajes de Ariana Harwicz tienen un monólogo interno a través del cual se explican su lugar en el mundo, desde ahí es fácil atisbar la profundidad de su existencia.

—Sí, todos los personajes de mis novelas tienen esa condición de estar vociferando verdades, esa especie de tradición filosófica, de personajes que están  preguntándose lo esencial a veces con humor otras con dramatismo, por qué son tan infelices, por qué son tan desgraciados, por qué se sienten fracasados, por qué no logran insertarse en la sociedad, por qué no funciona el matrimonio,  por que no pueden ser  madres normales y muchas más. Están todos bajo el efecto de una crisis espiritual y una crisis emocional muy fuerte. Yo siempre parto de esa condición y la primera persona me ayuda mucho.

—¿Tu formación como cineasta y teatro influye en tu narrativa?

—Creo que sí. No sé qué clase de escritora sería si no viniese del cine y del teatro porque es cierto, estudié dos carreras de cine, después estudié teatro, dramaturgia, fotografía, artes, filosofía y después literatura. Empecé a escribir “tarde”,  hasta los treinta y tres. Me dediqué mucho a estudiar y una vez que explotó todo en Mátate amor (Dharma Books) está todo ahí.

Ariana Harwicz

—En tu literatura tratas la maternidad pero no desde el lado convencional, el lado dulce, si no aquel al que a veces  negamos la mirada. ¿Por qué eliges esa perspectiva?

—Es un tema que me obsesiona, es una pasión. Es un tema del cual no puedo no escribir. Los temas no se eligen, sé es el poeta que se puede ser y no el que se quiere. Yo tal vez hubiera querido escribir otro tipo de novela, de otro género. Uno no elige la visión que tiene, como un músico no elige qué tipo de notas lo conmueven más o qué compositores lo arrastran hacia un tipo de música u otra. Se me dio por observar la maternidad como una antropóloga, como un geólogo que observa las piedras y los movimientos de la tierra y el agua, así con ese preciosismo, casi como en un laboratorio. De esa manera observo la maternidad, las relaciones filiales, el amor y el odio, la fuerza de la corriente, desde el comienzo fue así, mi deseo por escribir partió de ahí.

—Si tuvieras que elegir a uno de tus personajes como el favorito ¿a cuál elegirías y por qué?

—Es difícil pero quizá diría que la madre de Precoz, Precoz es una novela que saldrá con Dharma Books en México el año que viene para completar el álbum familiar y la locura de estas tres novelas, esta especie de trip, de viaje al fondo de algún pueblo, de algún lado. A todos  los personajes les tengo amor, pero la madre de Precoz es mucho más cínica, más contenida que la de Matáte amor o la de La débil mental que son más barrocas, más excesivas, hablan todo el tiempo. La de Precoz es un poco más parca, más austera pero terrible.

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—¿Te costó trabajo pasar de la madre de Matáte amor que todo el tiempo está expresando lo que siente, piensa, a la madre de Precoz?

Matáte amor (Dharma Books) es una primera novela, como una explosión de volcán dormido, un tsunami, tiene esa condición de monstruo que sale de las tinieblas o de bajos fondos. Precoz culmina esa triada y es muy especial porque cierra la puerta de esa cueva y no me resultó difícil pasar de una a otra porque voy en cada novela explorando qué más puedo hacer, hacia dónde puedo empujar el lenguaje. No tenía sentido repetir la fórmula de esa mujer que no podía parar de hablar, había que ir por otros lados, reinventar los silencios, los paisajes. Precoz es mucho más dark, más punk y un poco menos barroca.

Ariana Harwicz
Presentó en la Feria La débil mental. Foto: Cortesía FIL en Guadalajara

—¿Crees que se dice más en los silencios que en el uso excesivo del lenguaje?

—Se sabe en la música, los cantantes de ópera, los pianistas, en el teatro y en el cine, haces un poco de silencio y empieza a correr la duda, la intriga, la perturbación y llega el terror. Un silencio bien administrado es una obra de arte, de terror. En el cine, en el teatro y en la literatura hay que reinventar cómo fabricar  esos silencios, porque no vas a dejar la página en blanco. Como decía Borges, si yo pongo a los personajes en silencio ya estoy hablando. La palabra silencio ya tiene ruido, el silencio es una gran gramática.

—¿Qué tan consciente es la musicalidad que se lee en tus novelas?

—Trato de encontrar por dónde ir navegando, fabricando asociaciones musicales, sonidos asimétricos y simétricos, aliteraciones, cómo ir encontrando cacofonías, esa producción de sonido que tiene la lengua, cómo ir armándola como un pentagrama. Es difícil porque hay que ir viendo cómo suena, qué personajes hablan más grave, qué palabras usan para hablar, retumba el eco, cuáles se repiten y cuáles no.

—Para terminar háblanos del libro que presentaste en la FIL, La débil mental (Dharma Books).

—Esta es la segunda hija de este nacimiento de tres hermanas, un continuo de un embarazo que no termina más y es sobre madre e hija viviendo en una casona de campo y en estado de calamidad todo el tiempo. Tienen que vender unas joyas porque no tienen para comer, hay un estado de alteración y de agitación, como si vinieran las tropas enemigas. La hija está enamorada de un hombre casado y todos los consejos maternos llevan al desastre sentimental y sexual del que ambas son partes. Es una comedia negra entre madre e hija.

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