Kathryn Bigelow

Una Aurora para Kathryn Bigelow

La altísima calidad visual de la obra de Bigelow y la perfección de la puesta en escena provienen en parte de su sólida formación en artes visuales en San Francisco, de las clases de teoría y práctica del cine que tomó en la universidad de Columbia, algunas dictadas por la mismísima Susan Sontag.

Ciudad de México, 28 de septiembre (MaremotoM).- Ella vuelve a filmar: notición para gente cinéfila devota de la impar autora Kathryn Bigelow, la artista que supo (valga esta vez la expresión) dinamitar el preconcepto de que el cine de acción no era un género propio de las mujeres.

Bigelow lo hizo con total maestría, con un enfoque bien personal a través diversas variantes (thriller, bélico, anticipación); se ganó un Oscar y otros premios importantes, tardíamente reconocida, por Vivir al límite (The Hurt Locker, 2009) y culminó su probado atrevimiento para reconstruir sucesos ligados a conflictivos hechos reales con Detroit (2017), siempre despegándose de las normas de la industria de Hollywood.

En este último filme, se abocó de frente a los tremendos sucesos que se originaron en la ciudad del título -estado de Michigan- en 1967, a partir de una violenta redada en un bar exclusivo para negros, donde un grupo celebraba el regreso de Vietnam de combatientes afronorteamericanos.

Noche terrible de brutalidad policial que desencadenó saqueos, incendios, tiroteos con un saldo de 43 muertos, casi 500 heridos, destrucción de numerosos edificios. Amén de las 150 revueltas que estallaron a través de los Estados Unidos.

KB se arremangó y se animó como nadie antes con los episodios de Detroit, representando de manera espeluznante la crueldad de la tortura policial. Lo hizo hace 5 años y conocidos hechos posteriores -como el alevoso asesinato de George Floyd- pusieron en evidencia la deplorable actualidad de la minuciosa evocación de 50 años atrás.

Bueno, Kathryn Bigelow dirigirá para Netflix la película Aurora, basada en la novela homónima del notable guionista y director David Koepp, cuyos derechos fueron adquiridos antes de que apareciera editada por Harper Collins en junio pasado.

Se trata de una historia de anticipación, un terreno en el que Bigelow se había deslizado como pez en el agua -ella que es submarinista- en la estremecedora Días extraños (Strangers Days, 1995), donde Angela Basset motoriza la acción con inteligencia y solidaridad, producción no suficientemente valorada en su momento, ni por la crítica ni por el público.

Kathryn Bigelow
Kathryn Bigelow filmará Aurora para Netflix. Foto: Cortesía

En la futura realización, una tormenta solar azota el planeta, dejando fuera de servicio la totalidad de las redes eléctricas. En Aurora, Illinois, Aubrey una madre divorciada será la protectora de su hijo adolescente y del barrio donde ambos viven. En cambio, su próspero hermano, CEO de Sillycon Valley, elige pasarla bien en su lujoso bunker, preparado para este tipo de situación. Se ha mencionado como probable protagonista a Jessica Chastain, inolvidable Maya en otra gran realización de Bigelow, La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012), sobre la cacería de Bin Laden, nominada a numerosos premios, entre los cuales el Oscar.

Realizadora inclasificable, que incomoda a ciertos críticos varones que le adjudican exceso de testosterona y también la suerte de haber sido apadrinada (y guionada en un par de casos) por su ex James Cameron o que la amonestan por la ambigüedad política en algunos de sus enfoques. Y asimismo un tanto sospechada por feministas que desearían que esta cineasta se definiera más claramente en sus filmes y en las entrevistas como una de las nuestras, Kathryn Bigelow se mantiene irreductible, a su aire, sin responder a lo que se esperaría de ella, sembrado inquietud y polémica, incluso escándalo (caso Detroit) y, a la vez, empujando al público a una participación activa en cuestiones conflictivas, en dilemas morales.

Y (salvo en Detroit) hay menos violencia directa en sus obras de la que se le suele atribuir, quizás porque cuando explota, esa violencia es de una contundencia, de una fisicalidad extremas. Pero, por ejemplo, en las citadas Vivir… y La noche…, la tensión narrativa circula mayormente en escenas intimistas, relativas a situaciones personales. Y en K-19 (2002), inspirada en hechos reales, la inacción física transcurre en el interior del primer submarino nuclear ruso, en peligro por fallas técnicas; el suspenso es puertas adentro, entre el capitán y su oficial, con el trasfondo de la tripulación a punto de detonar: la acción es puramente psicológica, plasmada con talento y corazón, entre dos dechados de virilidad que han de ceder, Harrison Ford y Liam Neeson.

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La altísima calidad visual de la obra de Bigelow y la perfección de la puesta en escena provienen en parte de su sólida formación en artes visuales en San Francisco, de las clases de teoría y práctica del cine que tomó en la universidad de Columbia, algunas dictadas por la mismísima Susan Sontag.

Después de dedicarse un tiempo a la pintura, se interesó por el cine y a los 31 codirigió con Monty Montgomery The Loveless, una de motociclistas donde deja algunas marcas estilísticas. Al año siguiente, 1983, debut y despedida, la altísima y espigada Kathryn actúa en una curiosa producción ultraindependiente que está siendo puesta en valor estos últimos años, la copia restaurada es proyectada en festivales y cinematecas. Se trata de Born in Flames, de Lizzie Borden (autora de otra rareza, Working Girls, de 1986, acerca de una prostituta muy profesional que, de regreso a casa después de una jornada laboral, es reconfortada por su pareja mujer: este film fue editado recientemente en DVD por el prestigioso sello Criterion). Audazmente para esas fechas, Born… propone una rebelión conjunta de mujeres negras blancas, heteros, lesbianas, hartas todas de la violencia machista, el elevado desempleo femenino, la inequidad. Bigelow interpreta a la editora de un periódico socialista que defiende a las minorías. Cabe consignar que Borden, si bien hizo otras pocas películas, no pudo volver a filmar a su gusto debido a las imposiciones de los productores.

En 1987, KB hace su primer film en solitario y con guion propio, Cuando cae la oscuridad, ahora de culto; una de vampiros en la actualidad, en tierra de cowboys, el Oeste norteamericano, que se estrenó en la Argentina en 1989. Me tocó escribir la reseña en el Diario Sur (ver foto del original), y me da un toque de orgullo haber reconocido la mirada original, la estética deslumbrante de una directora desconocida en ese momento. A continuación, Testigo fatal (creativa traducción de Blue Steele, 1990), Con la estupenda Jamie Lee Curtis encarnando a una heroína compleja, con padre golpeador, que es resistida cuando ingresa a la policía por sus compañeros varones. La directora aplica la violencia para interrogarse sobre la identidad femenina a la vez que subraya el fetichismo del uniforme, de las armas cuando Megan se viste para ese primer día de trabajo.

Y en 1991, llega el suceso de Punto límite (Point Break), con una historia mínima de surfers atracadores de bancos y un agente del FBI que se infiltra: puro pretexto para filmar con delectación el mar y los cuerpos (masculinos, con female gaze), para aunar misticismo y sensualidad, con irrupciones de acción y violencia. Con Keanu Reeves en su rutilante apogeo. El rol de la surfer Tyler Ann a cargo de la singular Lori Petty, como todos los personajes femeninos de Bigelow, escapa al cliché.

Acaso la futura realización de Aurora compense a Kathryn, a sus 70, de la enorme frustración que sufrió hace casi 25 años, cuando el vistoso y efectista Luc Besson (con varias denuncias de abuso sexual por parte de actrices y otras trabajadoras del cine desde 2018) le robó literalmente su proyecto de filmar la vida de Juana de Arco, para el que ella había investigado con mucha pasión durante años y escrito un guion con Jay Cocks bajo el título Company of Angels. Besson iba a ser el productor asociado y hubo insalvables diferencias cuando el francés quiso imponer a su novia Milla Jojovich. Bigelow no aceptó y Besson se salió con la suya, reescribiendo el libreto. Pero su aparatosa producción con un elenco heterogéneo que incluía a Dustin Hoffman, John Malkovich (nunca peor) y la operadísima Faye Dunaway, además de la bonita -pero inoperante como actriz- Jojovich, artísticamente resultó un fiasco.

Pero ahora amanece con el esperanzador proyecto apocalíptico de Aurora. Que no es poco para el club de fans de Kathryn Bigelow.

Fuente: Damiselas en apuros / Original aquí.

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