Chucky

Una relación de amor y odio con Charles Lee Ray, mejor conocido como Chucky

Zacatecas, 7 de octubre (MaremotoM).- Ustedes no están para saberlo, pero yo sí para contárselos: desde muy pequeño tengo una relación de amor y odio con Charles Lee Ray, mejor conocido como Chucky.

Relación intensa, se los juro.

Esto implica, obviamente, que me he chutado todas las películas, algunas de las cuales he visto incontables veces. He atestiguado, por lo tanto, su penoso declive. Luego, cuando un par de años atrás se anunció que ya se estaba maquinando una nueva película, esta vez para retomar la historia desde cero, sentí un poco de esperanza, pues ya era urgente devolver a este personajazo a su dimensión de horror puro, sacarlo de ese pantano de malos chistes en el que se lo ve hundido desde, por lo menos, la cuarta entrega. No obstante, también sentí algo de escepticismo, pues no veía la necesidad de rehacer la primera película, la mera mera. Más tarde me enteré de que Brad Dourif ya no estaría prestándole su voz al muñeco de mis pesadillas. Me rechinaron los dientes. Pero amachiné. Un poco después supe que a Don Mancini ya ni siquiera le habían avisado que se realizaría una nueva película de la historia que él había creado. Me volvieron a rechinar los dientes, esta vez casi hasta moverlos un poco de su sitio. Igual, resistí.

Por fin, empezaron a viajar en internet, como barquitos de papel en los arroyos, las imágenes del nuevo Chucky. What the fuck? Entonces sí me terminé de atrofiar el esmalte de los dientes. Al carajo, me dije. Pero no conseguí evitar darle clic al enlace del tráiler. Y entonces me di cuenta de lo que se avecinaba: le habían quitado a Chucky lo mejor de sí, le habían quitado a Charles Lee Ray. Perdí los dientes. Así es, ahora llevo postizos. Llegó la fecha de estreno. Según me temo, la película pasó como si no hubiera pasado. Yo hice mi berrinche, desde luego, y no fui a verla. Bueno, también en parte porque no me gusta ver películas de terror en el cine. Detesto no tener la posibilidad de bajar el volumen. Soy muy débil, pues. Ya casi estaba decidido a no verla, porque evidentemente se trata de otra historia, un universo distinto al que me siento sujeto desde niño. Pero me ganó la tentación. Mi debilidad, ya saben. Y la vi desde la comodidad tramposa de mi cuarto. Lo diré pronto: es peor que mala. La raíz de todos sus problemas está en la extirpación de Charles, es decir, en la extirpación del elemento sobrenatural: sin Charles y sin la magia vudú, los asesinatos del muñeco carecen de sentido.

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La nueva producción ensaya un motivo distinto, sí, pero es ridículo, sobre todo porque pretende extender una crítica a la tecnología, en especial a la intromisión de monstruos globales como Google y Facebook en nuestras vidas. ¿Sí o no suena bien aburrida la cosa? ¡Chucky no era para eso, demonios! Él era, ¡es!, un maldito psicópata, egoísta, sádico… no un instrumento de la perversa tecnología. Y eso no es lo peor, amigos, no. Pudieron los productores de la nueva película asentar un motivo, aunque aburrido, sólido. Sin embargo, no lo consiguieron pues, a diferencia de lo prometido en el tráiler, de ningún modo hicieron que su Chucky se volviera la marioneta de un Mark Zuckerberg psicópata, egoísta, sádico… En lugar de eso, todo lo dejaron en manos de un chip mal programado.

¿Recuerdan ese episodio en el que Homero le compra a Bart un muñeco de Krusty que luego intenta asesinarlo? Pues así, ni más ni menos. El horror, el horror.

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