Victoria Sur

Victoria Sur canta a los niños y al proceso de paz en Colombia

Considerada una gran representante del folclore latinoamericano, la cantante ha contribuido al proceso de pacificación de Colombia, a través de su música, que fusiona jazz, pop y rock. Parte de una larga trayectoria es su sexta producción discográfica, Nanas Consentidoras, candidata a un premio Latin Grammy 2021 como Mejor Álbum de Música Latina para niños. Fue compuesta en medio de la pandemia con un sonido diferente, para sanar el espíritu de aquellos seres que padecen la violencia en su país.

Ciudad de México, 18 de octubre (MaremotoM).- Desde que ganó el “no” en el plebiscito de 2016 para implementar los acuerdos de paz en Colombia, Victoria Sur -conocida por fusionar la música andina colombiana con el jazz, el pop y el rock- se dedicó a componer canciones para generar esperanza y sanar un país roto y afectado por décadas de violencia.

Sur tiene la fuerte convicción de que la violencia surge cuando hay una desconexión con el niño interior. Por eso decidió rendir homenaje a la infancia -inspirada en sus hijos mellizos- en su último disco, Nanas consentidoras, candidato como Mejor Álbum de Música Latina para Niños en los Latin Grammy 2021, cuya ceremonia de premiación tendrá lugar el 18 de noviembre en Las Vegas.

La voz es el eje del disco que presenta un sonido distinto a sus producciones anteriores: los instrumentos la acompañan muy sutilmente, como ocurre con las guitarras, una marimba pequeña y la kalimba, sin olvidar el tiple, que le imprime un dejo indígena muy andino a la música. También aparecen sonidos de la naturaleza, especialmente grillos y pájaros; incluso las voces de sus hijos, Valentina y Sebastián.

Victoria Sur
La voz es el eje del disco. Foto: Cortesía

El disco está integrado por una decena de canciones, todas de su autoría, excepto “Canción de Arami”, de Laura Fiorella. Predomina el canto a capela, “el arrullo para dormir al bebé”. Se trata, según Sur, de una propuesta honesta muy ligada a la experiencia vital de las madres, a esa pureza del amor infinito por los hijos. Y lo terminó precisamente durante el confinamiento a causa de la pandemia en 2020.

“Es un álbum para la vida que bien puede ser escuchado por los adultos para que nos arrope y nos consienta. Son cantos que sanan el corazón de las personas. Es volver a la ternura, a esa alma y corazón sencillos”, explica la cantautora colombiana, de quien la crítica ha destacado la cálida sonoridad que le imprime a Nanas consentidoras. Esta producción independiente -pues Sur nunca ha tenido disquera- empezó a grabarse en 2015 en Bogotá en el estudio de los artistas Paula Ríos y Daniel Cadena de Tu Rockcito. Tras estar en pausa durante casi un lustro, retomó el disco en 2020 en Yara Records, en su natal Armenia, una pequeña ciudad del departamento de Quindío, en Colombia.

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Victoria admite que siente la candidatura al Grammy Latino como un reconocimiento a su trayectoria, la cual inició de niña, a los 10 años, cantando en su tierra, ubicada en lo que fue el corazón de la región cafetalera en Colombia.

Su sencillo reciente es una adaptación musical del poema “Camino de la patria”, de Carlos Castro Saavedra y cuenta con la participación de la peruana Susana Baca, otra destacada representante del folclore latinoamericano. Juntas entonaron este canto que habla con dulzura a quienes han padecido los dolores de la guerra.

En sus inicios musicales, Victoria Sur fue integrante del dúo “Sombra y Luz” al lado de Luz Ángela Jiménez, con el que fue ganadora en 1994 del Festival “Mono Núñez”, el encuentro de música andina colombiana más importante del país sudamericano y con el que grabó cuatro discos.

Como solista, cuenta con seis álbumes: Bambuco Ácido (2004), Colección de mundos (2008), Belleza Silvestre (2010), Tu Continente (2015), Hasta el nuevo sol (2017) y Nanas Consentidoras (2020).

Victoria Sur
Seguía anclada en las raíces. Foto: Cortesía

“Una vez se acaba el dúo me voy a Bogotá y tengo nuevas influencias. Estudié en La Habana, Cuba y, aunque la raíz ha estado siempre presente en mi música, empecé a hablar desde otros lenguajes, me iba impregnando de nuevos ritmos y nuevas letras. En mi primer disco, por ejemplo, mezclo el bambuco (género de la tradición andina colombiana) con el jazz y el rock. Necesitaba romper el cascarón para retornar renovada”, cuenta.

A partir de su tercer álbum, Belleza Silvestre, se inclina por las sonoridades latinoamericanas y también lo acústico se hace presente. “Seguía anclada en las raíces”, dice, “pensando en el continente como campo de exploración y experimentación”. Su siguiente producción discográfica fue un homenaje a mujeres compositoras latinoamericanas, como Isolina Carrillo, Chabuca Grande, Violeta Parra y Consuelo Velázquez. Su interpretación de “Bésame mucho” ejemplifica su inclinación por el jazz, no como género limpio, pero sí en la improvisación y ciertos ritmos.

La suya ha sido una carrera de poder femenino. “Me recuerdo en mi infancia muy tímida. Vengo de una cultura bastante conservadora y el campo de libertad más grande para mí ha sido la música. He realizado viajes infinitos a territorios sonoros muy diversos. Hay quienes agradecen esa libertad con la que hago mis propuestas”, dice.

 

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