Jorge Volpi

Vivimos en un cementerio: Jorge Volpi

Ciudad de México, 7 de mayo (MaremotoM).- Jorge Volpi está muy entusiasmado. Esta novela muestra un nuevo estilo y está muy cerca de su corazón, a él, que lo ha llamado la crítica “escritor racional”.

Con su obsesión por la neurociencia y por su sueño de convertirse en alguna vez en director de orquesta, presenta Parte de guerra (Alfaguara), donde analiza la violencia como parte del ser humano misteriosa y deja por detrás esos mecanismos que usábamos en los ’60: Si hay pobreza, entonces hay maldad.

Todo lo que hace Volpi literariamente es interesante y lleva por otro lado a analizar su obra, más que el libro en sí, aunque este pareciera ser que sin quererlo integra un trío, formado por Las elegidas y Una novela criminal, esta última sobre el caso de Florence Cassez e Israel Vallarta, que muestra otra de sus obsesiones: la corrupción de la justicia.

Parte de guerra narra el crimen de una niña llamada Dayana, a cargo de dos niños como ella, Saraí y Jacinto, con un Luis Roth que termina muerto en un accidente de automóviles (quizás aquí el homenaje a su gran amigo, Nacho Padilla) y el monólogo interior de la narradora, Lucía Spinosi, que sin paréntesis ni puntos, evoca lo sucedido y va descubriendo los numerosos abusos que ha sufrido a lo largo de su vida.

La zona no es casual. Cerca del río Usumacinta se enmarca el sur, ese lugar poco explorado por los mexicanos, pero donde comienza a levantarse Latinoamérica, que es donde todos pertenecemos.

Jorge Volpi
Partes de guerra es edición de Alfaguara. Foto: Cortesía

–¿Esta novela fue por tu afición a la neurociencia o por el tema del mal o por las dos cosas?

–Esta novela realmente contiene dos de mis principales obsesiones, por un lado, la parte de neurociencia, que he ido explorando hace mucho, ver la mente es una exploración literaria y del otro lado el tema del mal está desde que empecé a escribir. Ahora el mal lo vemos en la violencia, en las múltiples violencias que hay en México.

–¿Cómo es el mal?

–Incluso desde la neurociencia ese es uno de los temas centrales, si realmente la personalidad es psicopática, si hay estos neurotransmisores bloqueados que impiden la empatía, en cuyo caso no tienen sentido del bien y del mal, ¿qué es lo que estás castigando cuando lo castigas? ¿Estás castigando su propia condición natural o estás castigando su condición moral? Fuera de esos casos extremos, que son pocos, en todos los otros es mucho más ambiguo.

–La moral es una cuestión de costumbres, es cultural

–No del todo. Hay muchos estudios interesantes con nuestros parientes primates, las reglas morales nacen desde ahí, no vienen con los humanos. Muchas de ellas están codificadas genéticamente. Por ejemplo, la compasión, hay muchos animales que ya la tienen. Nosotros sofisticamos cosas que en los animales ya está presente.

Jorge Volpi
Para mí era uno de los retos mayores eran la narradora y los chicos de Frontera Colosal. Foto: Cortesía

–La narradora usa un personaje que se habla a sí misma

–Para mí era uno de los retos mayores eran la narradora y los chicos de Frontera Colosal. Esta es la segunda vez que uso una narradora mujer, lo hice en mi segunda novela, El temperamento melancólico. La novela es el pensamiento de ella, una especie de pensamiento obsesivo. No hay guiones, no hay paréntesis, casi todo está marcado por periodos de comas, pocos puntos, que intentan reflejar un monólogo interior de alguien que es víctima de abusos de sus padres, de sus parejas, de sus jefes y que al mismo tiempo no se identifica con la víctima sino con la asesina.

–Cuando juega con los soldados del padre, la paliza que recibe luego, es una violencia muy dura

–Ella sufre muchas violencias y todo lo que la hace a ella violenta. Todo es un debate entre la razón y el corazón.

–El tema del corazón es complicado, puedo llegar a hacer con el corazón cosas horribles

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–Exacto. Ese es el otro tema también. Lo que descubre ella que tanto los científicos como los niños en Frontera Colosal somos seres emocionales, la mayor parte de la violencia deriva de condiciones emocionales, no de la razón. Creemos que la razón nos gobierna, pero es muy poco, no pensamos en lo que hacemos.

–Tú siempre has sido calificado por la crítica como escritor racional

–Para mí también escribir es una ciencia del autoconocimiento. Lo que le pasa a la narradora, me pasó con esta novela también. Al ser una novela racional se convierte en una novela emocional.

–¿Cómo ves esta novela con la anterior?

–En los últimos años, pero desde que volví a vivir a México en el 2007, es ver cómo México se convirtió en esa sociedad hiperviolenta. Por eso sí hay una cierta correspondencia en los tres libros, Las elegidas, Una novela criminal y Parte de guerra. Habla de temas concomitantes, donde atrás de todo está este México violento.

–El mundo en general es violento

–Pero México es mucho más violento que el promedio del mundo. Si lo ves en todos los índices, tenemos 24 muertes por 100 mil habitantes. El resto de América Latina está a 4 o 5. México si es una sociedad mucho más violenta que la mayoría. Estamos en la parte más alta del mundo, esto es algo que no habíamos vivido antes, al menos desde la Revolución Mexicana. Vivimos en un lugar que es un cementerio.

–Oswaldo Zavala acaba de sacar un libro maravilloso, La guerra en las palabras, habla de que los cárteles no existen

–Los libros de Oswaldo son buenísimos, en efecto, la idea de que el cártel y el narco son los malos es una idea que viene de los Estados Unidos y nos hace pensar que la violencia tiene un origen claro y que por otro lado es incontrolable. No es así. Esto es una práctica discursiva desde el poder y muchos escritores han replicado en libros que entronizan la figura del narcotraficante. Si vemos los datos duros, los lugares en donde ha habido una violencia dura son los sitios en donde el Ejército ha ido a controlar. El mal está en la conformación de todo el sistema. Lo único que ya nos importa en la dinámica de las redes sociales, es un caso que acapara toda la atención. La normalización está en escandalizarte e indignarte, pero uno es parte del todo que nunca vemos.

­–El sistema mexicano va a seguir, porque Andrés Manuel López Obrador no ha tocado el sistema

–Eso es lo más terrible. Tuvimos dos momentos de esperanza, uno fue en el 2000 cuando Vicente Fox se hizo presidente y otro con López Obrador. Pensamos que iban a cambiar el sistema. No hubo cambio de sistema en la justicia. Llega Fox y no hace nada. El 95 por ciento de los delitos no se resuelve en este país. No existe justicia ni de verdad ni de reparación ni de que los verdaderos culpables paguen. La parte que tiene que ver con la persecución de los criminales, sino que se profundiza con los militares.

Parte de guerra le llamas a esta novela, ¿diría que estamos así?

–En México tenemos cifras de que son de una guerra civil.

–¿Cómo te fue estar a cargo de la UNAM?

–Para mí fue muy grato, ya lo digo como gestor cultural, fueron fantásticos. Estuve cuatro años en el Cervantino y cinco en la UNAM. Un gran equipo que ahora sigue con Rosa Beltrán.

–¿Qué harás en España?

–Estoy dirigiendo la Casa de estudios mexicanos, de la UNAM. Para tratar de aumentar, de reconectar, los flujos académicos y culturales entre mi país y el de España.

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