Encuentro Internacional de Escritores

XXIV Encuentro Internacional de Escritores: Poesía y Resistencia

“El acto de resistencia es un acto poético. Así se puede entender la expresión de los poetas, traductores y editores en cada una de las ocho mesas en la que se explorará el panorama de la creación y del quehacer literario”, dice Ricardo González en el libro de presentación.

Monterrey, 21 de octubre (MaremotoM).- Entre el 18 y el 19 de octubre se llevó a cabo en Monterrey el Encuentro Internacional de Escritores, convocado en el marco de la FIL de allí, por CONARTE, cuyo director Ricardo Marcos González, agradeció a la Casa de la Cultura de Nuevo León y a los 20 invitados que se hicieron presentes.

“El acto de resistencia es un acto poético. Así se puede entender la expresión de los poetas, traductores y editores en cada una de las ocho mesas en la que se explorará el panorama de la creación y del quehacer literario”, dice Ricardo González en el libro de presentación.

De ese modo, con la asistencia increíble, solidaria y siempre atenta de Ingrid Bringas, de Gildardo González, de Moisés Arriaga, de Eva Trujillo -directora de la Casa de la Cultura de Nuevo León-, fueron dos días intensos, con invitados como la colombiana Antonieta Villamil, los regiomontanos Armando Alanís Pulido, Carolina Olguín, Eduardo Zambrano, Gabriela Riveros, Jesús de la Garza, Leticia Herrera y Marco Antonio Alcalá Flores, el mexiquense Horacio Warpola, el oaxaqueño Iván Cruz Osorio, el tampiqueño Iván Trejo, el chiapaneco Rodrigo Balam, el culiacanense Jesús Ramón Ibarra, los coahuilenses Mercedes Luna Fuentes y Julio Mejía III, los chilangos Julia Santibáñez, María Rivera y Roxana Elvridge-Thomas, los mexicalenses Rosa Espinoza y Jorge Ortega, los chilenos Raúl Zurita y Daniel Rojas Pachas, la estadounidense Tanya Huntington, la cubana Odette Alonso, la hondureña Perla Lusete Rivera Núñez y la argentina Mónica Maristain.

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La poesía será extraordinaria o no será. Raúl Zurita. Foto: Facebook

“Es uno de los eventos de mayor tradición literaria en CONARTE y que nos llena de orgullo, ya que le antecede un trabajo de meses que inicia con las propuestas de la comunidad literaria, definir la temática principal y, posteriormente, una labor exhaustiva para conformar un programa con autores de primer nivel que aporten a la reflexión”, dijo precisamente Eva Trujillo, quien nos acompañó durante los dos días que duró el encuentro.

Fueron charlas apasionadas, con diferentes visiones del quehacer literario y con muchas cosas para pensar en el medio de una gran Feria del Libro, con libros agotados y con la presencia de Raúl Zurita en el cierre, uno de esos momentos que quedarán grabados en nuestra memoria.

La charla estuvo coordinada por la poeta y periodista Julia Santibáñez, en una visita fugaz que el poeta creador de Purgatorio y de Anteparaíso, sus grandes obras, hizo en el medio de la grave represión en Chile por parte del Presidente Sebastián Piñera, quien hoy declaró que “estamos en guerra”.

“No puedo empezar sin hacer mención al gobierno fascista de Piñera, que ha sacado los militares a la calle, como si eso para nosotros no significara nada”, dijo Zurita.

“Me cuesta mucho hacer una distinción entre forma y contenido, porque el lenguaje es uno solo. Es cruel para uno mismo lo que voy a decir: la poesía la única posibilidad que tiene es de ser extraordinaria. Solamente siendo extraordinaria cumple con sus objetivos”, fue el parecer de este poeta que padece Parkinson –producto, quizás, de los golpes en la cabeza que les dieron los militares durante su encarcelamiento en la pasada dictadura de Augusto Pinochet-, arrullado por un cuerpo que se dobla, que se mueve, pero lúcido y cercano como pocos.

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Poetas reunidos con Raúl Zurita. Foto: Facebook

Es inclasificable el esfuerzo que hace Raúl para presentarse en público, aunque siempre ha sido un poeta público, alguien de esos que recita en las calles, en los corredores, en las esquinas.

Probablemente porque el espíritu humano no decline, no está dentro de ese arco en el que la gente pone a los objetos vivos. Hay una nota muy grande en el Instituto Cervantes, llevada a cabo por Benoît Santini, donde puede leerse entre otras cosas que

“Empecé a escribir prácticamente en el colegio, cuando tenía quince, catorce años. Mientras estudiaba Ingeniería el asunto ya me importaba mucho, mucho. Y toda esa formación técnica, matemática fue muy fundamental, o sea que lo que hago tiene que ver con eso. Lo que más quería mi abuela era que hiciera una carrera per bene, como se dice, pero no me habría apoyado para nada si hubiera estudiado otra cosa, es decir estudiar Arte o Literatura, pero ella era una persona extremadamente lectora, sobre todo una nostálgica. Entonces ella nos hablaba, como contándonos casi cuentos, historias y se hablaba a sí misma, ¿cómo iba a mantenernos en nuestro cuarto a mi hermana y a mí con la Divina Comedia?”.

Meterse en la poesía de Raúl Zurita es un viaje fascinante y también complejo. Están los que dicen que después de Anteparaíso o de Purgatorio no escribió nada bueno, hay otros que lo ubican estrictamente en su experiencia con la Dictadura Chilena de Augusto Pinochet, cuando a las 6 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, día en que se produjo el Golpe de Estado, una patrulla militar lo detuvo.

“Su primer destino fue el Estadio de Playa Ancha. Cuatro días después y por los 21 que siguieron, estuvo preso en las bodegas del carguero “Maipo”, junto a 800 personas, en un espacio con capacidad para unas 50 personas, en donde fue torturado.”, cuenta la Wikipedia.

Zurita quedó libre, en la democracia fue diplomático, se casó varias veces y ahora, tal vez, a su última esposa, Paulina Wendt, le dedica todos sus libros. Ganó varios premios, entre ellos el Iberoamericano Pablo Neruda y la Beca Guggenheim.

Fue precisamente el libro que acaba de sacar Matadero (no es promoción porque está prácticamente agotado), titulado solamente Zurita, la estrella en Monterrey. Muchos lectores iban con el libro, dispuestos a conseguir un autógrafo de Raúl.

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Poesía y traducción. Foto: Facebook

Pero no fue el paraíso, little boy, sino sólo el reseco desierto dónde hace millones de años estuvo el Pacífico y al frente unas frases de amor, de locura y muerte, escritas en los acantilados atravesando la rota tarde, la noche rota, tu desolado amanecer, escribe y lo recordamos en momento en que todo el continente latinoamericano parece estar encendido otra vez, con ese fuego infame de la derecha y los migrantes de un lado para el otro, queriendo ir al “paraíso” de Donald Trump.

Muchas cosas se dijeron en el encuentro, casi todas ellas fueron las referencias a los migrantes. Me tocó participar con Odette Alonso y con Daniel Rojas Pachas en Condición Geográfica de la Escritura Poética. Coordinados por la poeta Carolina Olguín tratamos de dar forma a una nueva categorización de nuestros países: a pesar de las diferencias somos uno, no tenemos que aumentar ni destacar las cosas que nos separan, sino unir aquello por lo que estamos todo el tiempo preocupados.

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Perú, Chile, Argentina, México, son uno solo y tal como dijo Raúl Zurita, gracias a la solidaridad del pueblo mexicano, pudimos salir muchos de la dictadura chilena, en un gran caracol que dispensa el continente y del que nos aferramos para no salir del mundo, para hacer del mundo algo vivible.

Los muertos, tanto los de allá como los de acá, volvieron a este encuentro de Poesía y Resistencia, con la labor de María Rivera, quien leyó dos poemas (“Oscuro” y “Los muertos”), citada por otra parte por Raúl Zurita, que le dieron forma a estos días geniales.

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Poesía y Edición. Foto: Facebook

María Rivera fue un poco la sensación del Festival, pero no porque estuviéramos compitiendo, sino porque ella dijo más o menos lo que queríamos decir todos. Hubo mucha obra leída y fue muy valiosa, pero la de ella condensó nuestras nostalgias y nuestro deseo de futuro.

“No sé si he sido la sensación del encuentro, pero creo que tiene que ver con el poema mismo. Va a cumplir 10 años y no ha perdido vigencia. Se espejea con el presente que cada vez se empeora más. El poema es una especie de resumen de lo que sigue sucediendo”, dice María, eliminando para siempre la condición geográfica, uniendo esta vivencia latinoamericana como un todo que lamentablemente por ahora se unifica a partir de los muertos.

“La participación de Raúl Zurita, su texto inmenso, fue genial. Sobre todo porque nos dio a los poetas de resistencia profunda, un poco de esperanza. La poesía como una forma de habitar ese espacio irremediable, de lo herido, de lo que no tiene palabras”, dijo la poeta.

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Poesía y Condición geográfica. Foto: Facebook

POEMA “LOS MUERTOS”, de María Rivera

Allá vienen

los descabezados,

los mancos,

los descuartizados,

a las que les partieron el coxis,

a los que les aplastaron la cabeza,

los pequeñitos llorando

entre paredes oscuras

de minerales y arena.

Allá vienen

los que duermen en edificios

de tumbas clandestinas:

vienen con los ojos vendados,

atadas las manos,

baleados entre las sienes.

Allí vienen los que se perdieron por Tamaulipas,

cuñados, yernos, vecinos,

la mujer que violaron entre todos antes de matarla,

el hombre que intentó evitarlo y recibió un balazo,

la que también violaron, escapó y lo contó viene

caminando por Broadway,

se consuela con el llanto de las ambulancias,

las puertas de los hospitales,

la luz brillando en el agua del Hudson.

Allá vienen

los muertos que salieron de Usulután,

de La Paz,

de La Unión,

de La libertad,

de Sonsonate,

de San Salvador,

de San Juan Mixtepec,

de Cuscatlán,

de El Progreso,

de El Guante,

llorando,

a los que despidieron en una fiesta con karaoke,

y los encontraron baleados en Tecate.

Allí viene al que obligaron a cavar la fosa para su hermano,

al que asesinaron luego de cobrar cuatro mil dólares,

los que estuvieron secuestrados

con una mujer que violaron frente a su hijo de ocho años

tres veces.

¿De dónde vienen,

de qué gangrena,

oh linfa,

los sanguinarios,

los desalmados,

los carniceros

asesinos?

Allá vienen

los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros,

engarzados bajo el cielo enorme del Anáhuac,

caminan,

se arrastran,

con su cuenco de horror entre las manos,

su espeluznante ternura.

Se llaman

los muertos que encontraron en una fosa en Taxco,

los muertos que encontraron en parajes alejados de Chihuahua,

los muertos que encontraron esparcidos en parcelas de cultivo,

los muertos que encontraron tirados en la Marquesa,

los muertos que encontraron colgando de los puentes,

los muertos que encontraron sin cabeza en terrenos ejidales,

los muertos que encontraron a la orilla de la carretera,

los muertos que encontraron en coches abandonados,

los muertos que encontraron en San Fernando,

los sin número que destazaron y aún no encuentran,

las piernas, los brazos, las cabezas, los fémures de muertos

disueltos en tambos.

Se llaman

restos, cadáveres, occisos,

se llaman

los muertos a los que madres no se cansan de esperar

los muertos a los que hijos no se cansan de esperar,

los muertos a los que esposas no se cansan de esperar,

imaginan entre subways y gringos.

Se llaman

chambrita tejida en el cajón del alma,

camisetita de tres meses,

la foto de la sonrisa chimuela,

se llaman mamita,

papito,

se llaman

pataditas

en el vientre

y el primer llanto,

se llaman cuatro hijos,

Petronia (2), Zacarías (3), Sabas (5), Glenda (6)

y una viuda (muchacha) que se enamoró cuando estudiaba la primaria,

se llaman ganas de bailar en las fiestas,

se llaman rubor de mejillas encendidas y manos sudorosas,

se llaman muchachos,

se llaman ganas

de construir una casa,

echar tabique,

darle de comer a mis hijos,

se llaman dos dólares por limpiar frijoles,

casas, haciendas, oficinas,

se llaman

llantos de niños en pisos de tierra,

la luz volando sobre los pájaros,

el vuelo de las palomas en la iglesia,

se llaman

besos a la orilla del río,

se llaman

Gelder (17)

Daniel (22)

Filmar (24)

Ismael (15)

Agustín (20)

José (16)

Jacinta (21)

Inés (28)

Francisco (53)

entre matorrales,

amordazados,

en jardines de ranchos

maniatados,

en jardines de casas de seguridad

desvanecidos,

en parajes olvidados,

desintegrándose muda,

calladamente,

se llaman

secretos de sicarios,

secretos de matanzas,

secretos de policías,

se llaman llanto,

se llaman neblina,

se llaman cuerpo,

se llaman piel,

se llaman tibieza,

se llaman beso,

se llaman abrazo,

se llaman risa,

se llaman personas,

se llaman súplicas,

se llamaban yo,

se llamaban tú,

se llamaban nosotros,

se llaman vergüenza,

se llaman llanto.

Allá van

María,

Juana,

Petra,

Carolina,

13,

18,

25,

16,

los pechos mordidos,

las manos atadas,

calcinados sus cuerpos,

sus huesos pulidos por la arena del desierto.

Se llaman

las muertas que nadie sabe nadie vio que mataran,

se llaman

las mujeres que salen de noche solas a los bares,

se llaman

mujeres que trabajan salen de sus casas en la madrugada,

se llaman

hermanas,

hijas,

madres,

tías,

desaparecidas,

violadas,

calcinadas,

aventadas,

se llaman carne,

se llaman carne.

Allá

sin flores,

sin losas,

sin edad,

sin nombre,

sin llanto,

duermen en su cementerio:

se llama Temixco,

se llama Santa Ana,

se llama Mazatepec,

se llama Juárez,

se llama Puente de Ixtla,

se llama San Fernando,

se llama Tlaltizapán,

se llama Samalayuca,

se llama el Capulín,

se llama Reynosa,

se llama Nuevo Laredo,

se llama Guadalupe,

se llama Lomas de Poleo,

se llama México.

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