Gladiola Orozco

Ya no está el Ballet, pero está la pluma: Gladiola Orozco

A los 86 años de edad, Gladiola Orozco sigue activa, rebosante de energía, vigente. Si bien en 2016 presentó el libro Memoria, en el que reunió programas de mano, reseñas y notas de prensa sobre Ballet Teatro del Espacio (BTE), la compañía que fundó y dirigió al lado del coreógrafo Michel Descombey, de 1966 a 2009, la Maestra Orozco nunca había publicado un libro con textos personales.

Ciudad de México, 26 de noviembre (MaremotoM).- Hoy, de la mano de la bailarina, editora y escritora Bibiana Camacho, quien hizo el prólogo y la motivó a sacar sus textos muy íntimos de ese cuaderno negro en el que escribe todas las noches, y del escritor Javier Elizondo, socio de Bibiana en Taller Editorial Cáspita, la bailarina y coreógrafa publica La flama, un libro sui generis que como bien explica Camacho en el prólogo, se puede dividir en los ejes temáticos “La familia”, “El crimen y la desigualdad social”, “La crítica social”, “El arte y la danza”, y “La vida, la muerte y la soledad”.

La voz de la Maestra llega clara, a pesar de lo traidoras que suelen ser las líneas telefónicas. Se nota que está entusiasmada con este libro que además es un objeto precioso: con interiores en impresión risográfica y placa de zinc con tórculo para el lomo. La tela negra de portada, contraportada y lomo, permite resaltar con elegancia el dibujo de José Cava que representa a una joven mujer, con falda y el torso desnudo, sobre cuyos senos cae el cabello largo, negro y alborotado. En cada detalle de este ejemplar se nota la pasión de sus editores, Bibiana Camacho y Javier Elizondo.

“Nunca pensé en publicar, la verdad, pero en cambio, siempre he escrito. Entre una cosa y otra, siempre he escrito. De tal manera que un día Jenny (Bibiana Camacho) vio la cantidad de escritos que tengo, y dijo ‘Me encanta. Hay que publicarlos’”, narra la bailarina y coreógrafa. “Al principio rezongué, porque dije ‘son cosas muy personales’, pero de pronto pensé ‘¿por qué tiene que ser personal lo que tiene un sentido a veces de mi inquietud crítica, de lo que pasa, de lo que vivo?’ y la danza es una manera de expresión, una manera de vivir”.

Gladiola Orozco dice que a pesar de que la danza le ocupaba la mayor parte de su tiempo, siempre fue “observadora, crítica de muchas cosas que a diario veo, que me afectan. Y tenía mis papelitos sueltos, que ¿para qué le cuento?”

“Es un mundo muy privado pero al final de cuentas sí tengo una necesidad de escribir. No es un gusto; es una necesidad”.

Con el candor del que carecen muchas escritores y escritoras “profesionales”, Orozco cuenta: “Tengo un cuadernito y a media noche –frecuentemente tengo insomnio–, apunto cositas y otras cositas. Tengo mucha tarea en relación al archivo del Ballet, pero me doy mi tiempo para seguir escribiendo”.

“A veces me siento muy sola”, me dice la Maestra, y no puedo evitar pensar en que, de unos meses para acá –para ser precisa, desde finales de marzo– todas lo estamos, “pero para eso está el cuadernito, porque esta soledad está en todos nosotros, que sentimos: ‘¿qué hice?, ¿por qué llegué a este planeta?’”. Hace una pausa muy breve, solo para respirar, y continúa:

“No pienso nunca en que ya me voy, aunque me tenga que ir algún día, como todos. Siempre pienso que hay que seguir vivos y haciendo una labor que me es vital, y es estar en contacto con los demás; cuando he podido dar pláticas, las doy”.

Dado que uno de los textos, “El arte de la ciencia. La ciencia del arte”, trata de los momentos difíciles que tuvo que pasar el coreógrafo y bailarín Michel Descombey (fallecido el 5 de diciembre de 2011) cuando un médico le advirtió que estaba a punto de sufrir un infarto y él decidió que no abandonaría el escenario porque todavía faltaban dos de las tres funciones que la compañía ofreció como despedida a la bailarina Solange Lebourges, Gladiola Orozco no puede evitar hablar de su compañero de tantos años:

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“He amado mucho y he sido muy feliz. En toda mi vida amorosa no puedo quejarme: he tenido la felicidad de compartir amor de una manera que adoro recordar a mis amores, pero sobre todo al Maestro, que fue no solamente un gran maestro, un gran colaborador, un gran coreógrafo, sino también un gran amante, compañero”.

Y después de un suspiro, pronuncia un par de frases que dan cuenta de su profunda sensibilidad.

“Sigo siendo fanática del amor. El amor es la razón de respirar”.

La bailarina y autora cuenta que está compilando material de Michel Descombey para publicar otro libro.

“Estoy buscando mucho material del maestro Descombey que me gustaría compartir. Entre lo que leí, encontré que cuando estaba en Egipto, un día vio a un niño en la miseria. El niño vomita y otro niño corre a comer lo que vomita”. Gladiola Orozco hace, ahora sí, una pausa más grande. “¿Qué podemos decir de esta escena, que describe en sus escritos, que también estoy sacando adelante, de acuerdo a una intimidad que encontré de él?”

Gladiola Orozco
Foto del Instituto Mexicano en París. Foto: Cortesía

“No son los textos de su profesión, sino lo que él escribió aparte, para él”, aclara. “Me los encontré en unos cajones. Habla de la vida, de él, pero no en relación a la coreografía –que también tiene una gran cantidad de cosas– pero también de lo que a veces no queremos decir”.

Modesta como siempre, a Gladiola Orozco le cuesta hablar de su propio libro. Le pregunto entonces por el origen del título, a ver si así logro sacarle algunas palabras:

“El título fue idea de Jenny (Bibiana Camacho). Fue para mí muy fuerte ver una vela, y vi como un árbol de la vida. Al ver la vela, salió esa flama. Y ella lo escogió como una chispa de lo que hay adentro del libro, que a veces es triste; otros textos son graciosos como el de “Mi hija Pancha, la de las siete vidas”, que se cae y se cae y no se muere Pancha”. Ríe brevemente al recordar esta historia.

Gladiola Orozco
Portada de La flama. Foto: Irma Gallo

“Es un juego que yo misma me hago y a veces lo disfruto; a veces estoy un poco triste. Pero cuando estoy triste para eso está el cuaderno, y escribo. Trato de no ceder en relación a la posibilidad de comunicarme. Ya no está el Ballet (Teatro del Espacio, que cerró en 2009 por falta de apoyo oficial), pero está la pluma, está el lápiz, está el cuaderno. Y ahí también hay danza. Hay amor y hay vida”.

“La flama también es el cerillo que prende; es la luz”.

“En realidad la vela es la vida, y la vela no prendería si no hemos nacido. Entonces cuando prendemos la vela ahí hay toda una vida que tiene que trascender, y ojalá la trascendencia sea positiva”.

La Maestra confiesa que cuando Bibiana Camacho le propuso publicar La flama se sentía muy preocupada y “un poquito apenada” porque pensaba que podría haber escrito mejor. Pero también cuenta que tiene diccionarios y los consulto para escribir. “No tengo la gran escuela más que la escuela de la vida, y me ha tocado vivir una vida muy intensa, muy de lucha, muy de valor, pero siempre con un pie adelante. En los peores momentos he pensado que el pie debe ir adelante, y no ceder”.

“Soy Gladiola Orozco, que ha hecho toda una vida de lucha, de trabajo, de creación, de amor; de mucho amor, de mucha escuela, de mucha integridad en relación a lo que es el mundo, lo que es el país, lo que es el ser humano, y ya salió ahí un poquito, yo diría un gritito de lo que yo pienso”.

Si quieres comprar un ejemplar de La flama, de Gladiola Orozco, escribe a hola@caspita.org, llama a los números 556783 2471 o 557657 6496 o visita: https://caspita.org

Fuente: La libreta de Irma / Original aquí.

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