Socorro Venegas

Yo era testigo de la gran hecatombe de mi vida: Socorro Venegas

Socorro Venegas es joven. Ve morir a su pareja y escribe en un diario que nunca va a leer –hasta ahora- lo que le pasa en esos días. Dice la psicóloga que la trata, que no debe posar sus ojos sobre la escritura. Algunos le dan consuelo. Otros la ven cómo su cuerpo y la distancia comienzan a construir una valla alrededor. Está sobreviviendo poco a poco, día a día, minuto a minuto.

Ciudad de México, 21 de mayo (MaremotoM).- Con la construcción de un diario, la mirada poética y el cromatismo de los recuerdos, Socorro Venegas nos muestra el proceso oscuro del duelo que recorre un cuerpo y un alma embestidos por la ausencia, la espera y la búsqueda. Las estrellas observan. La luz está ahí. Un mundo enmudecido, de gritos en silencio, retratado con la maestría del ilustrador Gabriel Pacheco. Esa es la sinopsis de un libro doloroso y que se enmarca en el miedo a la muerte y cómo sobrevivir a ella para un futuro que tarde o temprano caerá en la misma muerte.

Socorro Venegas es joven. Ve morir a su pareja y escribe en un diario que nunca va a leer –hasta ahora- lo que le pasa en esos días. Dice la psicóloga que la trata, que no debe posar sus ojos sobre la escritura. Algunos le dan consuelo. Otros la ven cómo su cuerpo y la distancia comienzan a construir una valla alrededor. Está sobreviviendo poco a poco, día a día, minuto a minuto.

 Socorro Venegas
Ceniza roja, editado por Páginas de Espuma. Foto: Cortesía

Ese libro, que ahora se llama Ceniza Roja, vio la luz en Páginas de Espuma, donde el editor, Juan Casamayor, percibió la estirpe de una gran escritora y decidió publicarlo a pesar de que no hay un cuento ni una narrativa lineal.

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“Es una lectura muy acertada la que haces y muestra esa escritura en el libro que quiere profundizar e intenta tratar de decirme la manera de comprender el momento que estaba viviendo, la destrucción que estaba presenciando. Era testigo de la gran hecatombe de mi vida. Eran esos días de duelo que estoy narrando en este libro, eran días en los que podía concentrarme muy poco y lo que más había podido leer era la poesía. Sabía que no quería intentar escribir poesía, pero sí amaba leerla”, afirma Socorro Venegas.

“Los poetas en ese tiempo me sostuvieron”, dice.

Las mujeres escriben sobre los sentimientos y las ventanas se abren para expresar aquello que la “alta literatura” no podía entender.

“Creo que algo que he aprendido con las autoras que publicamos en Vindictas, es precisamente que se necesita cierto valor y temeridad para contar las experiencias más íntimas. Las mujeres estuvieron confinadas al silencio y que narraran en primera persona la experiencia íntima era muy osado. Qué importante es conocer a las escritoras a esas autoras que rompieron con el ambiente machista de su época, sin que le importe el género”, expresa.

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Socorro Venegas
Para mí ha tomado muchos años la publicación de este diario que ni siquiera recordaba. Foto: Cortesía Isabel Wagemann

“Para mí ha tomado muchos años la publicación de este diario que ni siquiera recordaba. Mostrar esta experiencia desnuda de ficción era impensable en otra época”, agrega.

También es cierto que hay muchos autores confinados, que no conocemos, que se esconden detrás de sus propios libros.

“Lo que creo que es importante decir que Vindictas no es un proyecto para ensombrecer a nadie más ni para ir contra el canon. Sí hay una lectura importante para leer a las autoras, algo pasó ahí”, afirma.

¿Ceniza roja es un camino?

“Es un testimonio de un duelo como un camino transitable. Me gusta mucho pensar que este es un libro que pueda acompañar a otros en ese camino de mayor dolor, hay que encontrar cierta amabilidad en el mundo y lo que muestra Ceniza roja es esa belleza terrible en darse cuenta que a pesar de lo que hemos perdido todavía podemos encontrar un sentido en el mundo”, dice la autora de también de La memoria donde ardía.  

El consuelo alrededor consiste en aprender algo de la muerte. “No hay nada que aprender de la muerte, pero de donde sí podemos aprender es de la vida. Este es un diario escrito desde el día a día en que se está sobreviviendo. Un libro que no pretende nada más que eso. Es un libro para no ser leído, la vida siempre puede más”, agrega.

Socorro Venegas
Ilustraciones de Gabriel Pacheco. Foto: Cortesía

Le menciono la foto de Enrique Metinides de una chica que se tapa la cara al lado de su novio asesinado en Chapultepec y expresa una soledad terrible. Este libro expresa también una soledad.

“Yo conozco una foto y me parece que allí hay algo captado por el fotógrafo que es lo mismo que ha captado el ilustrador Gabriel Pacheco en el libro. Hay una mujer que cae por una fuerza inesperada y donde no hay ninguna red esperando a esa mujer. Ese es el principio del duelo. Pero no hay solo oscuridad, sino que también se iba mostrando el mundo que iba asomando y esa sorpresa es la que me gusta que asome en el libro”, afirma.

¿Crees que son letras contritas, Socorro?

“Es justamente lo que me gustaría que los lectores encontraran en el libro, más vida que muerte, más esperanza que desazón”, agrega.

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