Eve Gil

Yo me quedé estancada en la adolescencia: Eve Gil

¿Se pueden entrecruzar dos siglos en un mismo libro? Eso y más logró la autora sonorense en La cuarta Brontë, la novela publicada bajo el sello sevillano chiapaneco Kolaval, en su colección Mayor dedicada a autores consagrados.

Ciudad de México, 20 de diciembre (MaremotoM).- La protagonista de La cuarta Brontë, una adolescente rebelde y consentida de su abuela, atraviesa dramas familiares sintiéndose parte de las tragedias de las hermanas Brontë y de su culta vida pobre, mientras en su corazón late un discurso de poder feminista al ritmo de canciones de Durán Durán y David Bowie.

Cada palabra en esta novela es un lápiz recién afilado que con pulcritud dibuja ideas muy claras, acusan detalles minuciosos que construyen lectura tridimensional y nos trasladan al calor sonorense de los ochenta entre objetos venerables: cassettes, máquina de escribir, bolígrafos.

El calor, la escuela, el trabajo, los vecinos, la fábrica, las amigas y enemigas, la familia y por supuesto los diarios de María, la protagonista, van formando a lo largo de los capítulos un interesante y rítmico entramado de estética decimonónica.

Eve Gil
La escritura de la sonorense es singular y sus trazos distintivos se han ido afirmando y destacando a lo largo de cada libro que publica. Foto: Cortesía Facebook

La escritura de la sonorense es singular y sus trazos distintivos se han ido afirmando y destacando a lo largo de cada libro que publica. Su conciencia de la situación de las mujeres siempre está en la boca de sus protagonistas, más allá de la época en la que les toque emplazarse; su atención hacia los momentos sociales interpela la quietud e indiferencia de los entornos privados de los personajes, la escrupulosidad en el uso de las palabras aporta una dimensión de creciente precisión, aún de refinamiento.

Eve Gil es escritora y periodista, por ambos trabajos ha recibido numerosos reconocimientos: Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta, Premio del Libro Sonorense, Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez, ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y su libro Sho Shan y la Dama Oscura ha sido llevado al cine. Desde septiembre de 2021 es parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

–¿Cómo fue el proceso de creación? ¿De dónde viene La cuarta Brontë?

–Esta novela la escribí hace ya un buen rato. En el 2000 publiqué una novela que se llama Réquiem por una muñeca rota y la editaron en Punto de lectura en el 2003 pero no fue muy distribuida por cuestiones ajenas, tanto la editorial como a mí. A pesar de eso, de mis novelas, es la que tiene más tesis de maestría, de licenciatura y doctorado. La academia la atendió mucho. Hay mucha gente que todavía me escribe, o me escribía y me preguntaba que qué había sido de Moramay, porque dejé abierto el final. Me quedó entonces el cosquilleo de resolver esta duda que pasó con Moramay. Esta novela la empecé a escribir en Hermosillo. Me fui en 2010 y estuve de viaje 15 días. Hice lo que solía hacer cuando vivía en Hermosillo: me fui al Sanborns y me puse a escribirla mano. ¡La escribí en 15 días! Curiosamente Réquiem por una muñeca rota también la escribí en quince días, es una novela corta. Pero resulta que los cuadernos los guardé y fue hasta después del temblor del 2017, cuando encontré los cuadernos y los transcribí. Corregí algunas cosas, metí otras, hice todo el trabajo y lo siguiente era donde publicar. Y apareció el editor Manuel Pérez Petit, que creó la editorial sevillano chiapaneca Kolaval. Mi novela fue la primera de la Colección Mayor.

–¿Es entonces una continuación de Réquiem por una muñeca rota?

–Sí y no es una continuación de Réquiem, porque si dice lo que pasó con Moramay cuando se fue a Hermosillo, pero al mismo tiempo jamás se menciona el nombre de ella, en esta novela adopta otro nombre. Y su obsesión en esta novela son las hermanas Brontë, ella se asume como la cuarta hermana. En esta novela Moramay ya tiene otro nombre, otra edad pero es casi la misma época de Réquiem, cuando tenía trece años y escandalizaba a la sociedad mexicana tradicional. En esta novela ella se llama María y ya tiene quince años, son ya mediados de los 80. Cada capítulo tiene un verso o una estrofa o una línea de una canción famosa de esa época.

Tu novela tiene mucha música, una gran banda de sonido que es algo que identifica el mundo adolescente. Tienes varias novelas donde hablas con adolescentes o a través de personajes adolescentes.

–Yo creo que yo nunca he crecido mentalmente, me quedé estancada en la adolescencia. Me gusta mucho platicar con jóvenes. Esto no significa que la gente de mi edad o la gente mayor me aburra para nada. Pero es que la gente joven me hace descubrir cosas nuevas, cosas que de inmediato captan mi interés. Me gustan los adolescentes como personajes y me gustan de todas las épocas porque tengo novelas de épocas anteriores. Por ejemplo, El suplicio de Adán empieza con una adolescente en la escuela de la Revolución.En mis novelas, hay adolescentes a través del tiempo. Por ejemplo este joven de la revolución (El Suplicio de Adán) o esta chica de los 80 (Réquiem por una muñeca rota y La Cuarta Brontë) o vemos a las heroínas de Sho Shan y la Dama Oscura (Tinta Violeta y Doncella Roja) son contemporáneas, son millennials. Nos vamos a dar cuenta de que ser adolescente ha sido lo mismo en todas las épocas. Todos los adolescentes buscan más, siempre quieren ver más, están ansiosos de información, están ansiosos de tener experiencias, a pesar de que ahora decimos “estos jóvenes de ahora“. En los ochenta también decían estos jóvenes se la pasan viendo la MTV, pierden el tiempo con los videos y con los conciertos y en los setentas estos jipiosos se la pasan con la marihuana. Si nos vamos hacia atrás nos damos cuenta de que los adolescentes siempre han estado demonizados. A los adolescentes actuales los siento muy conservadores. Me refiero a que son los que están imponiendo el criterio de la no discriminación, son los policías que dicen mira, estás siendo homofóbico, mira, estás siendo misógino, mira estás siendo racista. Eso me encanta porque antes eso no les interesaba mucho a los jóvenes. De hecho, ellos mismos eran víctima de una discriminación feroz y la aceptaban. Por eso me gustan estos jóvenes, los siento como revolucionarios, ellos son los que están cambiando toda la cuestión del cine y la literatura, están cambiando lo que dicen, el lenguaje inclusivo, todo esto. Es una generación muy consciente de la vida, más abierta a la diversidad, a la verdad. A diferencia de los que nos criamos con la televisión y que nos sometíamos a lo que nos ponían, estos jóvenes buscan lo que les interesa en Internet. Y yo creo que también eso te produce ese cambio que estamos viendo. Ellos se dan cuenta de lo que pasa en otros países, no a través de las noticias, sino a través de personas que viven en esos países. Tienen amigos que viven por ejemplo, en la Franja de Gaza, o amigos que viven en Afganistán o en países que están en guerra y eso les llega, es más personal. No es una guerra que está sucediendo en otro lugar del mundo, está sucediendo a gente que tú estimas, que tú aprecias, que está ahí al mismo tiempo, que está sufriendo y eso obviamente crea empatía.

Te puede interesar:  No hacemos mejoralitos, dice la editora de Pax, Danu Hernández

–La pandemia ha puesto al internet como la herramienta definitiva para mantener la educación, aunque ha obligado a repensar muchos paradigmas.

–A mí me hubiera fascinado, me hubiera encantado estudiar así: algunos a través de un profesor, algunos por sí mismos. Hay muchas formas de aprender, el Internet da esa opción también, una forma diferente de acceder al conocimiento y de consumir el conocimiento. Una de las cosas que a mí me lastimaba mucho cuando era jovencita era tener que acatar órdenes en un aula de clases. Muchas veces mis profesores la regaban gacho y yo no podía decirles nada y tenía que hacer de cuenta que había aprendido cuando en realidad desaprendido. Porque los maestros no son infalibles, se pueden equivocar como cualquier ser humano. Yo he de decir que gran parte de mi formación es autodidacta. A mí me gusta más leer cosas así. Quiero aprender sobre un tema, me gusta más leer a que venga alguien a explicarme, porque obviamente cada quien va a procesar esa información a su manera. La vas a hacer con sus propias vivencias y con su propia época. Esta es una educación más libre. No veo como un problema que las clases no sean presenciales. Yo creo que es al revés. Estamos entrando en una época en la que así va a ser la educación. No van a pasar muchos años, va a ser en online toda la educación. Eso no significa que se van a acabar los maestros, sino que tiene que haber una serie de maestros con una mentalidad más millenial, ya imbuidos en el internet y en lo que ellos han aprendido por sí mismos, que les enseña a la vez a sus alumnos a aprender. A mí eso me gusta mucho y me lleva a pensar en la antigua y eterna discusión sobre si el libro se va a acabar en manos de internet.

Eve Gil
La cuarta Brontë. Foto: Cortesía

–Parece que estamos siempre pensando que lo nuevo matará a lo anterior.

–Desde mi perspectiva de persona nacida a finales de los sesenta, el libro electrónico no me gusta. Yo estoy trabajando con muchos libros electrónicos porque trabajo para una editorial que está en España y me mandan los libros por vía electrónica. Empiezo a leer, leo mucho en la pantalla hasta que me duelen los ojos y lo primero que hago es buscar el libro físico, porque el libro físico es el libro físico. Tiene aroma, textura, materialidad. Me fijo en cómo huelen los libros. Hay libros nuevos que huelen feo y hay libros viejos que huelen delicioso. No sé porque es, pero esa intimidad con el libro no la vas a tener en la pantalla. Porque el libro es un objeto y es un objeto que te acompaña en muchos casos puede ser un amigo, alguien que te salva de un problema, que te cambia la vida. Porque hay libros que cambian la vida. A mí me consta, porque me la han cambiado varias veces. Y está el hecho de que la pantalla tiene el internet que puede contenerlo todo y que eso es al mismo tiempo nada, porque no es asible. En cambio, el libro material físico, sólo contiene esto y es un secreto entre el lector y el autor. Eso es tan mágico, es un contacto íntimo que no se debe perder.

–Es muy interesante lo que dices de la materialidad corporal de la literatura. Entra por los ojos, aunque también lo olemos, tocamos, y cuando leemos oímos.

–La literatura es música, no me la puedo imaginar de otra manera. Para mí es tan sensorial. Porque también está el tacto, está la vista e incluso el oído porque puedes leerlo en voz alta y te aparecen cosas que no habías notado cuando lo leíste en voz baja. Es multisensorial.

–¿Cuáles son tus cinco libros favoritos?

  1. Cumbres Borrascosas. Qué libro hermoso, es el libro es definitivo para mí y lo leo cada tanto. La Cuarta Brontë es un homenaje a este libro. Se puede decir que soy experta. Si hubiera sido inglesa, yo creo que sería experta en las hermanas Brontë.
  2. El romance de Genji, de Murasaki Shikibu. Es un tesoro para mí, ese libro es sobrenatural y me encanta. Me hace viajar a otro tiempo.
  3. Kafka en la orilla de Haruki Murakami. Es muy difícil decidir cuál es el mejor libro de Murakami pero el que más me gusta es Kafka en la orilla. Es una súper novela, es maravillosa.
  4. Orlando, de Virginia Woolf. Por supuesto.
  5. El cuento de la criada de Margaret Atwood. Encontré una bolsa de tela que trae Cuento la Criada y me la compré. Luego, volví a ver la serie. Parece una utopía, pero quienes hemos vivido el machismo, hemos conocido gente como los tipejos que salen hoy, porque sí existen hombres que consideran que las mujeres somos inferiores y que deberíamos servir nada más para parir. Lo que más me atrae de ese libro es la crítica a las propias mujeres, las mujeres que no tienen solidaridad de género. La tía Lidia, por ejemplo el personaje me encanta, la actriz es maravillosa. Es una novela digna que le dieran el Nobel a Margaret Atwood.

 

 

 

Comments are closed.