Oualid Mouaness

El cine puede cambiar el mundo y a las personas que se detienen a verlo y a pensarlo: Oualid Mouaness

El director de 1982: El año que cambió el Líbano, Oualid Mouaness, estuvo en México para presentar su película que se estrenará el próximo 26 de mayo en la Cineteca Nacional.

Ciudad de México, 21 de mayo (MaremotoM).- El director de 1982: El año que cambió el Líbano, Oualid Mouaness, estuvo en México para presentar su película que se estrenará el próximo 26 de mayo en la Cineteca Nacional.

Es verano de 1982 y en el Líbano crecen las tensiones militares. En las afueras de la capital Beirut, la vida permanece en tensa calma mientras se escuchan a lo lejos explosiones y disparos, pero una primaria privada abre sus puertas a los niños y maestros.

1982: El año que cambió el Líbano es una película que nos muestra la mirada inocente de “Wissam” (Mohamad Dalli), un niño de 11 años enamorado de su compañera de clase “Joanna” (Gia Madi). Mientras Wissam se debate entre la necesidad de expresar sus sentimientos, el mundo adulto prevé el fatal inicio de la guerra.

Al mismo tiempo “Yasmine”, una maestra con vocación interpretada por la reconocida actriz y directora Nadine Labaki (Caramel, Cafarnaúm), se divide entre mantener la cotidianidad del salón de clases y las preocupaciones por su vida personal porque su hermano está involucrado en las milicias y teme perderlo, pero mantiene la fortaleza frente a sus alumnos.

La película es una ópera prima escrita y dirigida por el libanés Oualid Mouaness, quien tenía 10 años en aquel trágico 6 de junio de 1982 cuando inició la invasión en el Líbano. La cinta fue galardonada como Mejor Película en el Asian World Film Festival, se alzó con el Premio de la Crítica de la FIPRESI en el Gouna Film Festival, el Premio NETPAC a la mejor cinta de Asia en el Festival de Toronto y formó parte de la muestra Talento Emergente de la Cineteca Nacional.

Oualid Mouaness dio una conferencia de prensa al lado de Nicolás Ruiz, como moderador, quien le preguntó: ¿Cómo comenzaste a hacer este largometraje y cómo fue tu proceso de escritura?

–Es muy gracioso porque en realidad esta es la clase de película que yo no sabía que iba a hacer como una película. Lo que se retrata en esta película es mi último día de escuela y cómo al ser un niño yo no entendía realmente lo que estaba pasando en ese momento. Pero ya al ser adulto, cada vez que recordaba lo que había pasado en ese momento, me ponía muy emocional. Esta historia había estado rondando en mi cabeza durante mucho tiempo, en un principio pensé en escribirla como una historia corta, esto fue en los años 90 y no sabía en realidad cómo hacerlo. Pero tuve una plática con alguien acerca de dónde estábamos cuando Israel invadió Líbano en 1982, yo compartí mi perspectiva de dónde estaba y esa persona me dijo “esto tiene que ser una película”. Era un tema demasiado delicado y cada vez que escribía esta historia tenía que parar, la dejé por un tiempo y luego de alguna manera nunca me dejó, sentí que era una historia que era necesario contar.  Ya tenía experiencia en producción y estaba buscando hacer algo nuevo, que finalmente dirigiría. Quería que lo primero que hiciera, fuera algo realmente significativo para mí porque amo ambas partes de esta industria [producir y dirigir]. También me di cuenta de que era algo importante de contar porque en realidad nadie había hecho en Líbano una película sobre este momento histórico, evidentemente por ser algo muy polémico y porque separa mucho a las personas, pero yo quería unir a la gente y generar un diálogo.

–La guerra en realidad no comienza ni acaba con el conflicto armado, sino que permea en la vida cotidiana, ¿qué nos puedes decir acerca de la idea de que la guerra se mete en todo pero en realidad no puede cambiar nuestras relaciones humanas?

– Es interesante porque finalmente de lo que realmente habla mi película es sobre este deseo humano muy arraigado de que no importa lo que esté pasando, los humanos tendemos naturalmente a querer refugiarnos en las cosas cotidianas, queremos seguir haciendo nuestras vidas normales porque es a través de nuestras vidas normales que pensamos que podemos pasar por encima de los periodos de crisis, la rutina nos hace sobrellevarlos y entonces lo que quería retratar en mi película es a la gente que no participa en la guerra porque en la mayoría de las guerras la mayoría de las personas normales no son quienes están peleando. Me dijeron que no lo hiciera cómo quería hacerlo, que era una situación muy polémica e iba a meterme en problemas, entonces les dije que esperaran a ver cómo iba a hablar de este tema porque sí iba a hablar de la guerra, pero lo haría desde una perspectiva humana, sí iba a hablar desde los dos lados del conflicto, pero lo haría con respeto. Es interesante porque hay que pensar qué es lo que lleva a alguien a ir a la guerra. Uno va a la guerra por una convicción profunda, por una religión o también por miedo por sentirse profundamente amenazado. Yo tuve la suerte de crecer en Líbano en medio de una familia muy respetuosa y también estuve en una escuela abierta a la discusión, había pocas escuelas de este tipo y mis padres querían esto para mí.

– Vamos con una pregunta de la prensa, ¿qué tan difícil fue hacerle sentir a los niños actores el peligro sobre la guerra?

– Me pareció profundamente interesante trabajar con los niños, fue un proceso largo que empezó dos años antes de filmar la película. Trabajé con un amigo mío, un dramaturgo que trabajaba con niños en talleres y diferentes clases, con él descubrí que los niños tienen un rango y una complejidad emocionales sumamente ricas y que la riqueza de las interacciones de los niños no es necesariamente entre ellos sino con los adultos porque pueden expresar mucho sin decirlo. Quienes están rodeados de niños se dan cuenta de que el mundo está dividido en dos y que cuando los niños están jugando solos ellos viven en un mundo aparte, cuando entre un adulto entonces se convierten de nuevo en niños porque interrumpen ese mundo que es totalmente otra cosa. Tuve un proceso de seis semanas durante las cuales comencé a trabajar con los niños, donde comencé a entender cuáles eran sus miedos y cuáles eran las cosas que los movían emocionalmente. Me di cuenta que debía de dejar de proyectar mi propia vida en las vidas de los niños para poder crear sus reacciones, porque ellos debían crear su propia vida interna que es muy diferente a la vida de los adultos.  Hay una escena de la película en la que los niños están jugando fútbol y de repente llegan tanques que van entrando, les di completa libertad de trabajar con el diálogo como ellos quisieran. Estaba planeado que los niños se paralizaran en cuanto vieran los tanques, pero llegó el talentoso actor joven que interpreta al personaje de Wissam [Mohamad Dalli] y me dijo que eso nunca sucedería en una escuela primaria y que si esos niños vieran llegar los tanques lo primero que harían sería correr hacia la reja, y claro yo estaba proyectando una imagen muy adulta de este miedo que genera parálisis mientras que el miedo en los niños puede crear curiosidad al ser muy diferente en ellos. Es muy interesante ver cómo reaccionan los niños ante el miedo porque conforme avanza la película y se dan cuenta de que el miedo es algo real, este los empieza a paralizar.

Te puede interesar:  Stephen King y George R. R. Martin: Las ratas han sido muy buenas con nosotros

–¿Qué mensaje crees que pueda transmitir esta película a las víctimas de la actual guerra en Ucrania?

– Esta es una pregunta muy emotiva. Me parece que hay algo muy triste al pensar que la historia se repite, sé que el pueblo ucraniano es muy resiliente, he visto la cantidad de armas que pueden llegar a un lugar y eso es preocupante. Me parece triste que hemos perdido la capacidad para entablar un diálogo real, hay un agresor que es Rusia y del otro lado está la OTAN con Estados Unidos y del otro lado está el pueblo ucraniano que por más que sea resiliente está atrapado entre esas lógicas. No soy político, pero como pacifista me hubiera gustado que los políticos hicieran algo para evitar esta locura.

El mensaje que puedo dar es que la guerra nunca es la respuesta. Por ejemplo, Líbano hasta ahora está viendo una ventana de esperanza porque no fue solamente lo que pasó en 1982, hubo de nuevo otra guerra en los dos miles y luego la explosión en Beirut.

Ucrania debería hacer lo posible para parar todo este conflicto antes de que siga escalando y es evidente que hay muchas tensiones. Me rompe el corazón. Es desgarrador cuando ocurre una guerra así, me recuerda a lo que ocurrió en Líbano en 2006.

Esta película habla en un tono más positivo, pero lo que dice es que después de una guerra el mundo nunca vuelve a ser el mismo.

Oualid Mouaness
Poster de la película. Foto: Cortesía

–¿Fue complicado recrear el momento que se muestra en la película?

– Traté de formar un equipo que integrara todos los aspectos del Líbano, todas las religiones, todos los sistemas de pensamiento y todas las afiliaciones políticas, porque esta película básicamente era de todos los libaneses y todos respondieron en el set de una forma muy emotiva. De alguna manera se instauró un proceso de sanación, había momentos en los que incluso tuvimos que parar la filmación porque se estaba convirtiendo en algo muy real. Había momentos muy intensos y emocionales. Filmamos en la misma escuela en la que yo viví esos acontecimientos, una cosa que fue bastante impresionante. Para mí también era revivir esa tensión. El personaje de Nadine Labaki, Yasmine, encarna a todas las madres y maestras que están en una situación de crisis como la que se muestra. Para los niños que no sabían lo que pasó, fue una forma de conocer el pasado. Algo que me impresiona es que en Líbano no se habla de su historia y si en los libros de historia no quieren escribir de esto, las películas al menos pueden hacerlo. Es importante que las películas traten lo que la historia no quiere tratar, generalmente la historia la escriben los vencedores y nunca la escribe la gente que la sufre. Esta es una historia que viene de la gente a través del cine.

– La película tiene una estructura dramática muy similar a la de una obra de teatro, ¿te inspiraste de alguna forma en el teatro?

– Amo el teatro, yo me formé en el teatro y lo disfruto mucho, una de mis primeras experiencias como director fue montando una obra. Me gusta la estructura del teatro y toda la idea del tiempo. Yo veo esta película como literatura, pude hacerla de una forma más acelerada pero no se hubiera entendido la tensión, el tiempo, el espacio, el ambiente, ni los personajes y en ese sentido quise crear esta relación entre teatro y cine de tomarme el tiempo, es algo muy innato y es interesante que lo noten porque evidentemente tengo una fuerte influencia del teatro.

– ¿Cómo decidiste hacer el final de la forma en la que quedó?

– Siempre cuando estoy pensando en un guion empiezo por el final, mucha gente se me acercó para decirme que el final le parecía sorpresivo y este final viene de varios lados, siendo niño crecí dibujando mucho y estaba obsesionado con un programa de televisión que se llamaba ‘Grendizer’. Yo quería crear a mi superhéroe y lo que es interesante es que la imaginación siempre supera a la capacidad de plasmarla.

Sobre el final, primero que nada yo quería que fuera esperanzador, ya que había tanta tensión yo quería liberar a los espectadores con algo. El final se libera al mundo de los niños y al acabar así hay una sensación de que hay esperanza en las siguientes generaciones, una esperanza de cambio.

En realidad hay dos finales de la película, este donde aparece una figura de una salvación absoluta y el otro que es el regreso a la escuela, que señala que todo ya cambió y el mundo ya no es el mismo.

El final es una página en blanco para que todos escriban su interpretación.

Líbano
El 26 de mayo, estreno. Foto. Cortesía

– ¿Crees que el cine puede cambiar el mundo?

– Claro que sí. Toda era o todo tiempo histórico ha tenido su propio medio como los libros, la filosofía y el teatro. Evidentemente el cine sí puede cambiar el mundo y a las personas que se detienen a verlo al igual que a pensarlo.

Hay diferentes tipos de cine, hay cine que es arte y mensaje, yo me inclino a ese tipo de cine porque es importante pensar en el mensaje filosófico que hay detrás de una película. Sé que una película puede cambiar corazones y mentes en las personas.

Esta película logró crear un diálogo y abre la posibilidad de que se dialogue de otra manera. La película tiene una profundidad semiótica mucho más allá y está llena de capas, la primera capa por supuesto es la historia y las demás se irán descubriendo con el tiempo, con el interés de las personas.

Comments are closed.