Eduardo Lizalde

Ha muerto Eduardo Lizalde, el tigre eterno de nuestra mejor poesía

La originalidad es el sello que ha acompañado la obra del poeta, narrador y ensayista Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929, Ciudad de México, 2022).

Ciudad de México, 25 de mayo (MaremotoM).- Eduardo Lizalde, uno de los poetas vivos más grandes y original que gusta disfrutar de la felicidad falleció a los 93 años este miércoles por la mañana.

La originalidad es el sello que ha acompañado la obra del poeta, narrador y ensayista Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929, Ciudad de México, 2022).

Para la escritora Margo Glantz, el autor de El tigre en la casa es, junto con Gerardo Deniz, uno de los poetas más destacados que tiene México. “Lizalde ha escrito libros fundamentales que son verdaderamente importantísimos para la poesía en México. Es uno de nuestros más grandes poetas”.

A decir del también poeta Homero Aridjis, la obra de Eduardo Lizalde es de las más originales en México. “En la actualidad es uno de los poetas más importantes de México y de Hispanoamérica. Su contribución a la poesía mexicana es muy notable. Cuando llegué al Centro Mexicano de Escritores conocí a Juan José Arreola y a Lizalde, con quienes jugaba ajedrez. Creo que ha desarrollado una brillante trayectoria, además es uno de los pocos poetas melómanos que tenemos, con una enorme cultura musical.”.

Lizalde era apodado El tigre por la frecuencia con que ha utilizado al felino en su obra. “Es una figura fascinante desde los tiempos bíblicos hasta la etapa actual y no creo que haya un escritor que omita mencionar al tigre. El tigre es la imagen de la muerte, de la destrucción y, además, de la belleza; es solamente un instrumento metafórico”, ha dicho el poeta.

Eduardo Lizalde
La originalidad es el sello que ha acompañado la obra del poeta, narrador y ensayista Eduardo Lizalde. Foto: Cortesía

El editor, ensayista y poeta, José María Espinasa ha dicho que pocas veces el pesimismo nos parece tan lleno de vida y el dolor transfigurado en energía, como aparece en la literatura de Lizalde. “Es un poeta mucho más diverso y rico en matices de lo que nos hace pensar su estilo más conocido. Ese hombre de cultura que, gracias precisamente a la cultura, da una dignidad a la invectiva, al epigrama y, por qué no, al insulto. Pocos poetas consiguen esa conjunción de lo bronco y lo refinado”.

Eduardo Lizalde fue un lector precoz que a los seis años de edad ya leía novelas de Salgari, Verne y Kipling.  A los 11 comenzó a pergeñar sus primeros poemas, a aprender métrica y a interesarse por la poesía. Leyó a los clásicos, a los modernistas y a recitar de memoria versos de Rubén Darío, de Antonio Machado, de Amado Nervo y de los de los poetas de la generación del 98.

Más tarde descubrió a los grandes autores mexicanos: López Velarde, entre ellos, y los Contemporáneos. Junto con Enrique González Rojo y Marco Antonio Montes de Oca, crearon el movimiento que llamaron El poeticismo (1948 a 1951), corriente literaria que el propio Lizalde crítica en su libro Autobiografía de un fracaso.

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Estudió Filosofía y Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela Superior de Música del INBA. También estudió canto y composición en la escuela nocturna del Conservatorio Nacional y fue profesor de literatura española, mexicana y latinoamericana en la UNAM.

Su primer trabajo institucional fue como director de Radio Universidad, más tarde lo fue de la Casa del Lago. En los años cincuenta perteneció al Partido Comunista Mexicano y en el siguiente decenio militó en la Liga Leninista Espartaco y en la Liga Comunista Espartaco.

Posteriormente se alejó de la militancia y continuó ocupando cargos públicos: fue secretario general del Consejo Nacional de Cultura y Recreación para los Trabajadores, director de Medios Audiovisuales de la SEP, subdirector de Publicaciones del Conacyt, director general de Televisión de la República Mexicana, de Publicaciones y Medios de la SEP, presidente del PEN Club de México y de la Compañía de Ópera del INBA.

Ha sido colaborador de El Gallo Ilustrado del periódico El Día; El Nacional, El Semanario Cultural de Novedades, La Cultura en México, La Letra y la Imagen, Letras Libres, México en la Cultura, Revista Mexicana de Literatura, Revista Universidad de México, Vuelta, entre otras.

Lizalde fue becario de la Fundación Guggenheim (1984), del Fonca, en 1991, y es creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Creadores de Arte desde 1994. A partir de 2007 es integrante de la Academia Mexicana de la Lengua y obtuvo los premios Xavier Villaurrutia (1970) por El tigre en la casa; fue Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1974) por La zorra enferma; Premio Nacional de Literatura y Lingüística 1988; Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2002 y Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines (2005).

También obtuvo el Premio San Luis al Mérito Literario 2009; la Medalla de Oro de Bellas Artes, en 2009; y el Premio Literario Internacional Alfonso Reyes 2011. En 2010 recibió la Condecoración de la Orden de las Artes y las Letras en Grado de Caballero, conferida por el gobierno de la República Francesa.

Entre su obra se encuentran La mala hora (1956), Odesa y Cananea (1958), Cada cosa es Babel (1966), El tigre en la casa (1970), La zorra enferma (1974), Caza mayor (1979), Memoria del tigre (1983), Tercera Tenochtitlán (1983); edición aumentada con el título Tercera Tenochtitlán (1983-1993), 1999; ¡Tigre, tigre! (1985), Antología impersonal (1986), Tabernarios y eróticos (1988), Rosas (1994), Otros tigres (1995), Nueva memoria del tigre, antología poética 1949-1991 (1995) y El vino que no acaba. Antología poética (2011), entre otros.

Eduardo Lizalde ha dicho que su poesía es amarga, crítica, violenta y hasta ofensiva. “No me reconozco como un optimista ni un creyente de la felicidad, pero de la felicidad he disfrutado, por su puesto”.

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