Melina Balcázar

Melina Balcázar se abre a la lengua de Pierre Klossowski

Quien tradujo en México a Pierre Klossowski fue el escritor Juan García Ponce (1932-2003) y ahora también este Cuadros vivos viene a completar la bibliografía en español de este gran intelectual.

Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- A veces llegan libros raros y quizás por raros más atractivos a la redacción. Uno de ellos es Cuadros vivos, de Pierre Klossowski, con traducción de Melina Balcázar y editado por Cantamares.

El libro reúne los ensayos más importantes de Pierre Klossowski, abarca todos los aspectos de esta obra inclasificable y proteiforme: desde sus textos para la célebre revista Acéphale, dirigida por George Bataille, sobre Nietzsche, Sade y Kierkegaard, hasta los más personales, como el consagrado a la pintura de su hermano, el controvertido Balthus. Encontramos también reflexiones sobre escritores con quienes mantuvo un diálogo creativo (Rainer Maria Rilke, Michel Butor, Walter Benjamin), así como sus escritos sobre su práctica del dibujo –por la que abandonó la escritura–.

Encontramos que Pierre Klossowski (1905-2001), además de ser una figura de la cultura francesa, vivió durante todo el siglo XX y fue testigo de los numerosos movimientos del arte en ese tiempo.

Es precisamente, lo que destaca la traductora Melina Balcázar. “Podemos definirlo como un personaje singular. Vivió durante casi todo el siglo XX, es alguien singular no sólo porque se dedicó al cine, la fotografía, al dibujo, la traducción, sino porque cultivó una serie de obsesiones y fantasmas sexuales”.

Melina Balcázar
Lo editó Cantamares. Foto: Cortesía

“Él mismo lo dice, que se sintió incomprendido, pero al mismo tiempo consciente de que había elegido un camino, ahondar en un problema. Por su origen cultivó lo que él llamaría la lengua propia bárbara. Es decir, barbarizar y dejarla permearse de otras lenguas. El latín y el alemán son sus lenguas”, agrega.

La puesta en escena de la fantasía sexual, los juegos y equívocos de la semejanza, una dramaturgia de la descripción, la interrogación infatigable en torno al personaje fetiche de Roberte atraviesan y vinculan cuarenta años de ensayo. Por tanto, Cuadros vivos se revela como un complemento indispensable de sus libros de ensayo Un tan funesto deseo y La semejanza.

Melina Balcázar
El interés por este intelectual francés tiene que ver por el deseo de la editorial de crear filiaciones, genealogías. Foto: MaremotoM

El interés por este intelectual francés tiene que ver por el deseo de la editorial de crear filiaciones, genealogías y en la medida que está Pascal Quignard, Klossowski estaba listo para ser editado. “Nuestra apuesta es la manera en que él justamente se relacionaba con el francés y con la cultura. La pulsión tanto erótica como la muerte él la trabaja con la imaginación. En él me gusta la manera de explorar fantasmas, de seguir lo que uno profundamente siente”, afirma Balcázar.

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Quien tradujo en México a Pierre Klossowski fue el escritor Juan García Ponce (1932-2003) y ahora también este Cuadros vivos viene a completar la bibliografía en español de este gran intelectual.

Melina Balcázar
Este es un libro de formación, dice la traductora. Foto: Cortesía

“Creo que este libro es un libro de formación. El recorrido intelectual de alguien que atravesó el siglo XX. Se entrega a la lectura de Friedrich Niesztche, a Bataille, condena a los surrealistas y tiene al lenguaje como el problema. Al final de su vida, elige al dibujo sobre el lenguaje. Hay un recorrido intelectual de alguien que se entregó cada vez al pensamiento y a todos sus emprendimientos”, dice Melina, a quien le hiciéramos una entrevista el año pasado por su libro Aquí no mueren los muertos (Argonáutica).

“Era un hombre solitario, no quería entrar a un grupo, era menos romántico que los surrealistas”, agrega.

“La relación entre Pierre Klossowski y Juan García Ponce se da en que tomaban de verdad al lenguaje. Ahí realmente se comunican, es esta manera de posicionarse y de mover la lengua”, afirma.

La traducción no fue nada fácil para Melina Balcázar. “El mayor problema es que el sentido está diseminado. Cuando yo no lo entendía, la frase no la lograba. Había momentos en que decía, ¿para qué se me ocurrió esto?”, agrega.

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