Verónica Murguía

No sé ver el futuro, sólo veo el pasado: Verónica Murguía

“En la literatura, la que no es capaz de hacer distopías soy yo. No sé ver el futuro, sólo veo el pasado. Yo puedo oír lo de atrás y mi lema todo es a la retaguardia”, concluye.

Ciudad de México, 18 de enero (MaremotoM).- Quizás porque estoy influida por la película de Joel Coen, La tragedia de Macbeth, ataco a Verónica Murguía. Bueno, vale decir, no es que la ataque pero le digo que su libro me ha hecho acordar a William Shakespeare, que es como decir, sácame de la entrevista volando.

“Hay un poema hermoso de Milton que dice qué necesita Shakespeare, que no necesita mausoleos ni mármoles, porque vive en el corazón de todos nosotros. Mi novela transcurre en una novela muy diferente a la nuestra, pero que tiene semejanzas. Son semejanzas que me parecieron tan evidentes”, afirma.

El cuarto jinete (ERA) habla de la Edad Media, del Apocalipsis, de un médico llamado Abu Alí Ibn Mohamed de Ronda, “un médico sabio y compasivo como Pedro de Hispania”, dice la novela y habla también de mirar el presente con los ecos del pasado.

“La literatura busca distopías para preocuparse por el futuro, pero yo necesito mirar atrás, no puedo escribir sobre la violencia reinante porque me duele mucho”, dice la escritora

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Según Juan de Patmos, el cuarto jinete del Apocalipsis vendrá montado en un caballo bayo; su nombre será Mortandad y le acompañará el Infierno. Pareció cumplirse así en 1348, cuando la peste bubónica mató a más de un tercio de la población europea.

Verónica toma la pandemia de la Edad Media para relatar lo que pasa en el presente, “cuando todos hubieran matado por un antibiótico”, dice.

Verónica Murguía
La autora encuentra en el pasado las claves para entender el presente. Foto: Cortesía

Comenzó a escribirla con las guerras de Afganistán e Irak y estaba muy dolida. “Cuando empezaron los primeros casos de la pandemia y luego se levantó todo el tema del coronavirus, con tanta superstición y rechazo para los servidores de la salud, la saqué del cajón y la trabajé como una loca”, expresa.

“David, mi esposo, me apoyó muchísimo durante la escritura”, agrega al hablar del poeta David Huerta.

El lenguaje es bellísimo en la novela El cuarto jinete. “¿Cómo atraigo al lector a que venga para ver esas cosas tan horribles? El médico musulmán que al principio trata soldados, los ve muy bellos y ve bellas esas heridas porque son heridas del valor. Lo que quise es que el lenguaje fuera lo más hermoso. Amo el castellano con pasión y también porque la gente en la Edad Media hablaba de manera muy poética”, revela.

Verónica Murguía
El libro, editado por ERA. Foto: Cortesía

“Cuando vemos una Catedral, vemos un anhelo de belleza convertida en piedra”, reflexiona.

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Siempre hemos visto el mundo en destrucción y Verónica Murguía padece por ello en esta novela. Cuando la guerra no sólo lleva hombres sino a muchos monumentos y museos que nunca recuperaremos.

“Las catástrofes que se ciernen sobre nosotros y nuestros contemporáneos. La guerra de Irak destruyó al Museo de Bagdad, la Guerra de Yugoslavia destruyó a bibliotecas. Nos debería doler a todos la desaparición de bibliotecas, de ferias del libro, todo eso es más valioso de lo que imaginamos. Los talibanes, por ejemplo, son destructores de su propia cultura con un entusiasmo espantoso”, afirma Verónica, autora también de la novela Uliya, una historia en la tradición de Las mil y una noches y un cuento histórico sobre la muerte del más grande poeta de los árabes, al-Mutannabbi, quien fue asesinado a las puertas de Bagdad en el año 965.

“Ahora hay una preocupación por nuestro futuro, una preocupación que comparto y la gente piensa hay que escribir distopías para saber qué va a pasar. Yo digo que sí, pero también hay que saber el pasado”, afirma.

“El mundo siempre se está acabando. Creo que estamos en un punto de inflexión, sobre todo por la codicia humana que mata a las especies, mi estupor no tiene límites. Fíjate que todo esto es resultado de un mercado de Muhan donde torturaban animales”, agrega.

“Hay que tener el planeta en el centro, con Dios, con los animales, con las personas, con los bosques…”, dice.

Verónica Murguía ha publicado también El ángel de Nicolás, un volumen de cuentos de asuntos medievales y míticos que está traducido al italiano; El fuego verde, una novela fantástica; la novela infantil Ladridos y conjuros; la novela épica Loba, que ganó el premio Gran Angular en España, en 2013, y el libro de cuentos para público juvenil Cuatro talismanes.

Verónica Murguía
David, mi esposo, me ha ayudado mucho con la escritura. Foto: Cortesía

Ha escrito más de una docena de libros para niños, ha traducido dos libros de ensayos de Francisco González-Crussí, dos libros de William Alexander y el libro autobiográfico Ilegal, de José Ángel “N.”, publicado por la universidad de Illinois.

En El cuarto jinete no quiso usar la palabra Apocalipsis. “Me gusta dejar los refranes a la mitad, me llama mucho la atención ese recurso que usaba el poeta Gerardo Deniz, cuyos poemas se llamaban Adrede o A mansalva. Nadie sabe lo que es adrede”, afirma.

“En la literatura, la que no es capaz de hacer distopías soy yo. No sé ver el futuro, sólo veo el pasado. Yo puedo oír lo de atrás y mi lema todo es a la retaguardia”, concluye.

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