Todo se transforma

¿Muere el centro de pacto social? En Buenos Aires, en México, en el mundo…

En Argentina, Puerto Madero quizás es un ejemplo paradigmático, pero sucedió también en barrios como el Poble Nou de Barcelona, en distintos barrios de Brooklyn en Nueva York o en Nuevo Polanco, en la Ciudad de México, sólo por nombrar algunos ejemplos.

Ciudad de México, 9 de marzo (MaremotoM).- Uno de los debates desde que empezaron las cuarentenas -y el trabajo remoto- alrededor del mundo fue qué tan probable sería que en un futuro más o menos cercano los centros donde se concentra el empleo público y privado en las grandes ciudades seguirán existiendo una vez superada la pandemia. Si es que alguna vez la superamos, claro.

La variable clave es que las ocupaciones teletrabajables son mucho más comunes en el centro de la ciudad que en los barrios periféricos o en los conurbanos. Según este documento del economista Ramiro Albrieu, la Ciudad de Buenos Aires es el distrito donde es más factible el teletrabajo debido al tipo de trabajo -más servicios y menos industria- y a la disponibilidad en mayor medida de una computadora y conexión a internet en el hogar: casi la mitad de las personas ocupadas pueden teletrabajar.

Pero claro, la posibilidad de resguardarse del contagio no yendo a la oficina tuvo consecuencias positivas epidemiológicamente, pero negativas para los comercios de la zona. Desde la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC) señalan que un 15% de los 10.000 locales gastronómicos que existen en la Ciudad de Buenos Aires cerraron definitivamente durante el último año.

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Programa Fincas Abandonadas en Montevideo. Foto: Cortesía

Además, observan que esas cifras son mucho más elevadas en la zona céntrica de la ciudad y que en algunos municipios del conurbano los locales trabajaron mejor porque menos personas cruzaron la General Paz para trabajar. El contraste entre cómo varió la actividad económica en el centro y la periferia urbana se ve bien reflejado en este informe del CEP XXI del Ministerio de Desarrollo Productivo, donde se analiza la facturación de comercios.

Pero el contraste no es sólo entre la ciudad y su conurbano sino hacia adentro de los barrios de la ciudad, donde los comercios de los barrios residenciales en septiembre de 2020 tuvieron crecimientos interanuales de facturación en plena crisis, mientras que los barrios céntricos tenían caídas de más del 20% en términos reales. Un fenómeno para nada exclusivo al AMBA sino que se dio en muchos aglomerados urbanos del mundo.

Julián Díaz es dueño de cuatro locales gastronómicos en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires. Uno de ellos, Los Galgos, un bar notable del centro de la ciudad (Callao y Lavalle), al que Julián reconfiguró hace unos años haciéndolo más atractivo para el after office sobre todo de jóvenes que salían de sus oficinas de la zona. Los otros están en barrios predominantemente residenciales, como Villa Crespo, Colegiales y el Abasto.

Si bien una estadística de un solo caso es una anécdota, ante la falta de datos oficiales me pareció que la experiencia de Julián es bastante ilustrativa.

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Nuevo Polanco: Foto: Cortesía

“Lo que más estuvo afectado por la cuarentena fue el microcentro del lado de Plaza de Mayo porque no hay turismo y bajó mucho la cantidad de personas que van a oficinas públicas y privadas. En Los Galgos tuvimos una buena remontada cuando empezaron las clases y las obras de teatro. En el último mes, que fue el mejor, con menor superficie para usar, tuvimos niveles similares de facturación que justo antes de la pandemia. Pero en ese mismo período nuestros costos aumentaron alrededor de un 50%, salvo el alquiler. En otros dos de los locales, el 878 y La Fuerza, la caída fue menos abrupta porque son lugares de barrio entonces nos pudimos reconvertir más fácil a través del envío a domicilio”, me contó Julián.

¿Qué es el centro?

En esta nota en Café de las Ciudades, Mario Tercco deja en claro que no daría por muerto al microcentro porteño, al menos por ahora. Allí, el autor cita un artículo de Mariano Schuster del año pasado, cuando cerró un restaurante emblemático de la Ciudad, donde se reflexionaba acerca de los rastros que dejaría la pandemia en lo que las personas que viven la Capital llaman “el centro”.

Una de las reflexiones de Mariano que me parecieron interesantes es que el centro materializa de alguna manera la idea de comunidad y rompe con la segmentación. En el centro por momentos somos todos iguales porque en sus espacios nos encontrábamos físicamente independientemente de nuestra condición socioeconómica y tantas otras. “Quizás es por eso que lo que cerró con Pippo no es un restorán (…) Lo que está cerrando es un modelo de centro. El centro del pacto social”, concluye.

Tercco en su artículo, en cambio, no habla en pasado y da algunos ejemplos de cómo el centro se reconvirtió en los últimos años de un lugar cuyo protagonismo era el trabajo de oficina a un espacio ganado cada vez más por la cultura y el turismo. Se hace una pregunta que últimamente viene tomando impulso, no sólo en Buenos Aires: “Si alguna, mucha o muchísima gente no volverá a trabajar en las oficinas del centro, ¿por qué no hacerlo un barrio residencial? ¿Por qué no habilitarlo como un buen lugar para vivir? ¿Por qué no recuperar esa vieja aspiración urbanística de repoblar el centro?”.

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Centro de México. Foto: Cortesía

Fuerzas centrípetas

En esta nota de Matías Colombatti, el titular de la Federación de Comercio e Industria (FECOBA), Fabián Castillo, asegura que gran parte de los trabajos no van a volver a la modalidad presencial. Además, cuenta que ya preparó una propuesta para llevarle a las autoridades que busca convertir el micro y el macrocentro porteño en un distrito donde la población joven pueda acceder a una casa por medio de créditos de la banca pública.

Sin embargo, Castillo aclara que esa política apunta al largo plazo pero que en el corto se necesitan ayudas económicas para las PyMEs que están al borde del abismo. Esas ayudas económicas por parte del gobierno porteño casi no existieron, contrastando con las erogaciones que destinaron tanto Nación como varias provincias y hasta municipios a que los sectores más perjudicados por la pandemia no perecieran. Mientras tanto, desde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires empezaron pensar algunas alternativas de transformación del área céntrica pero de forma muy incipiente.

El legislador del Frente de Todos Manuel Socías planteó esta semana la discusión por Twitter. “Tenemos una oportunidad única para producir un shock de oferta de viviendas accesibles para sectores medios si acompañamos al sector privado en la reconversión de sus oficinas vacías”, reflexionó.

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Lo cierto es que la Nación y la Ciudad ya tienen, aunque no hay cifras exactas publicadas, miles de metros cuadrados de inmuebles públicos en el centro. Además, podría aprovechar la baja sostenida del precio del metro cuadrado en dólares en la zona para hacerse de más inmuebles. Pero, en el caso porteño, la costumbre es más vender que comprar. De hecho, el gobierno de la Ciudad hace tiempo que comenzó su proceso de descentralización, mudando gran parte de sus oficinas a la zona sur. Sin embargo, no hubo una política sobre los inmuebles públicos que apunte a una reconversión residencial o de otros usos para la zona.

La venta del gigantesco edificio Del Plata a IRSA es ilustrativa. Eduardo Elsztain compró por 68 millones de dólares la edificación en 2016 con la idea de mudar las oficinas del Banco Hipotecario allí, pero nunca empezó la obra por problemas, según diversas fuentes, que van desde lo administrativo hasta lo económico. Hace ya casi un lustro el Edificio del Plata está tapiado y provoca preocupación en comerciantes de la zona que ven derruido su entorno. Lo que podía ser un inmueble estratégico en manos del Estado se convirtió así en un vacío urbano en el medio de la ciudad.

La crisis de los micro y macrocentros no es exclusiva de Buenos Aires ni de Argentina. Rosario y Córdoba están pasando por procesos similares y existen algunas iniciativas que buscan que la irremediable transformación del centro tenga lugar de la forma más ordenada posible y, entre otras cosas, buscan atraer población joven hacia esa área de la ciudad.

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Los procesos de expulsión o segregación vía turistificación y gentrificación -a veces traccionados por la llegada jóvenes de ingresos altos a una zona- del centro es un riesgo palpable y es algo que ya sucedió en muchas ciudades cuando se renovaron zonas fabriles y portuarias en desuso.

En Argentina, Puerto Madero quizás es un ejemplo paradigmático, pero sucedió también en barrios como el Poble Nou de Barcelona, en distintos barrios de Brooklyn en Nueva York o en Nuevo Polanco, en la Ciudad de México, sólo por nombrar algunos ejemplos.

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Puerto Madero, Buenos Aires. Foto: Cortesía

Sin embargo, el Estado corre con la ventaja de poder adelantarse y que no suceda lo mismo en caso de renovar las zonas céntricas de una ciudad. Claro, siempre y cuando no se limite a peatonalizar calles, embellecer el espacio público y otorgar excepciones al código urbanístico o de edificación para que el sector privado invierta en convertir oficinas en departamentos destinados a turistas.

“El centro de la ciudad tiene buena infraestructura, excelentes equipamientos sanitarios, culturales y educativos, todos los servicios y la mejor accesibilidad por transporte público. Grandes plazas en su radio y grandes parques en sus bordes, una dotación de verde público que puede ampliarse con un inteligente programa de recuperación de espacios interiores de manzana”, enumera Tercco en su artículo, dejando en evidencia por qué las zonas céntricas de las ciudades son áreas estratégicas más allá de que estén pasando por un mal momento.

La crisis del centro podría ser una oportunidad para generar espacios habitables y económicos para sectores que hoy no pueden acceder a la ciudad, que no crece en habitantes desde el censo de 1947. Para eso, un factor clave es que el sector público genere directa o indirectamente una oferta que el sector privado genera muy poco y cada vez menos: vivienda a precios accesibles. Según datos oficiales, durante el último trimestre de 2019, el 70% de los permisos de obras fueron otorgados para construir vivienda de lujo o suntuosa. Por eso, entre otros factores, la demanda para sectores de ingresos medios-altos está satisfecha hace tiempo.

Tercco lo dice de una forma menos técnica y lo conecta con el proyecto que el gobierno de la Ciudad propone para las tierras públicas en venta de Costa Salguero: “No hay más hipsters ni chetos que alojar en la ciudad”. Además, ese desacople entre oferta y demanda provoca que haya cada vez más viviendas vacías y justamente es en la Comuna 1 donde ese indicador encuentra su pico: casi el 14% de las residencias de la zona están deshabitadas.

El proyecto Fincas Abandonadas en Montevideo, que te mencioné unas mil veces en este espacio, apunta en ese sentido. En el otro extremo del hemisferio sur, en Australia, también están pensando cómo aprovechar las zonas céntricas en desuso. En los centros de negocios y financieros de Melbourne y Sidney bajaron entre un 45% y un 65% los alquileres de oficinas y el tráfico de a pie medido con el uso de datos de celulares.

Me gustó esta nota y más me gustó su título: “El reverso de la gentrificación”. La idea general en la nota es que el Estado ya invirtió mucho dinero en infraestructura urbana en las zonas céntricas de Melbourne y Sidney, entonces vale la pena hacer un esfuerzo extra para atraer personas a vivir a una zona cada vez menos requerida por comercios y servicios.

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Melbourne. Foto: Cortesía

Esos esfuerzos se basan en hacer del centro un lugar más vivible en términos de espacios públicos de calidad que inviten a permanecer pero también en incentivos -como por ejemplo subsidios para alquiler- en pos de tentar tanto a jóvenes y familias chicas (los departamentos céntricos suelen ser más pequeños) de sectores menos pudientes como a empresas más chicas que se instalan fuera del centro por razones económicas.

“Estas acciones pueden ser una buena oportunidad para revertir patrones de gentrificación y entender que la diversidad en una ciudad es algo bueno”, sostiene el arquitecto Mike Harris, que además cree que el centro de las ciudades australianas está bastante lejos de una caída definitiva y pronostica más bien una transformación de los espacios de trabajo.

¿Se puede transformar el centro? ¿Qué tan radical podría ser esa transformación? ¿La idea misma de centro está destinada a morir? Esas parecieran ser algunas de las preguntas que recorren el debate, que no es nuevo sino que, como muchos otros, la pandemia popularizó. Vos sabés bien de qué se trata ya que en este espacio se mencionó varias veces el concepto de Ciudad de los 15 minutos, que es la síntesis actual de dos ideas que llevan bastante tiempo en el urbanismo: la mixtura de usos y las densidades medias o altas que permiten que todo nos quede más o menos cerca. El centro -los centros- reconvertidos podría ser parte de esa utopía urbana. Resta ver quiénes podrán disfrutarla.

Fuente: Cenital / Original aquí.

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