Almudena Grandes

El primer día de la Feria, una infausta noticia: Muere Almudena Grandes

Escritora de supervivientes, como le dijo alguna vez a la periodista Silvina Friera: “De todas las categorías de personajes que podemos encontrar en la literatura, los que más me gustan son los supervivientes”, la extrañaremos mucho, una pérdida inconmensurable. 

Ciudad de México, 27 de noviembre (MaremotoM).- En este primer día de la Feria Internacional del Libro hemos recibido una infausta noticia: Almudena Grandes ha fallecido. 

Pensaba en ella y en su marido, el gran poeta Luis García Montero, si iban o no a estar en Guadalajara, como un gesto de negación, como alguien que todavía es joven y que no puede estar enferma. 

Anda el muchacho de El País pidiendo declaraciones de escritores famosos mexicanos y Paco Ignacio Taibo II ha dado una hermosa nota al periódico, hablando de esa amiga genial, divertida y dispuesta siempre a conocer algo más de México. 

Fue uno de los nombres más conocidos de la literatura en español y ha muerto de cáncer. Tenía 61 años.  

Grandes ha sido conocida por sus novelas, pero también por su compromiso intelectual y político. Analista de nuestro tiempo y de la historia reciente, se dio a conocer en el 1989 gracias a Las edades de Lulú. “Yo empecé a escribir cuando era muy pequeña, con 9 o 10 años, así que mi primera novela la escribí en el 88, entra dentro de los 80. Pero en los primeros 80, en los años tremebundos, lo que hacía era salir”, decía sobre sus inicios literarios en la Cadena SER.  

La novela fue una pequeña revolución, por la que ganó el Premio Sonrisa Vertical, en la Editorial Tusquets y que fue adaptada al cine por Bigas Luna. El éxito de su primera novela le regaló la vida que ella quería vivir y jamás podrá saldar esa deuda, solía decir la escritora madrileña. 

Desde entonces el éxito y el cariño de los lectores no han dejado de acompañarla con novelas como Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón, El corazón helado y Los besos en el pan, junto con los volúmenes de cuentos Modelos de mujer y Estaciones de paso. “Siempre he dicho que “Malena” es mi novela más autobiográfica, porque esa sensación que tiene Malena cuando es pequeña de que ella no es suficientemente buena para ser niña, y que le iría mejor siendo niño”.

Varias de sus novelas han sido llevadas al cine, además de la ya mencionada Las edades de Lulú, y han merecido, entre otros, el Premio de la Fundación Lara, el Premio de los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Rapallo Carige y el Prix Méditerranée. Influenciada por las lecturas de su adolescencia, como las de autores como Galdós, Defoe y Homero, Grandes siempre creó personajes con el arquetipo del superviviente.

Almudena Grandes
Con su esposo, Luis García Montero. Foto: Cortesía

En 2010 publicó Inés y la alegría (Premio de la Crítica de Madrid, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz), primer título de la serie Episodios de una Guerra Interminable, a la que siguieron El lector de Julio Verne (2012), Las tres bodas de Manolita (2014), Los pacientes del doctor García (2017; Premio Nacional de Narrativa) y La madre de Frankenstein (2020). 

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Subtitulada como Agonía y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacionalcatólica. Manicomio de mujeres de Ciempozuelos, Madrid, 1954-1956, la última novela de Almudena Grandes gira en torno a uno de los crímenes más célebres y conmovedores de los años republicanos y al posterior encierro de la madre asesina en un psiquiátrico durante dos décadas.  

Escritora de supervivientes, como le dijo alguna vez a la periodista Silvina Friera: “De todas las categorías de personajes que podemos encontrar en la literatura, los que más me gustan son los supervivientes”, la extrañaremos mucho, una pérdida inconmensurable. 

UNA ENTREVISTA

A propósito del auge que están cobrando los libros escritos por mujeres nacidas como ella en los ’60, Grandes no oculta su satisfacción al afirmar que “ya nos tocaba. Era hora de que recogiéramos un poco el fruto, pues llevamos años luchando no por encontrar un espacio propio pues ya lo teníamos, sino para hacer entender que escribir es mirar el mundo y que la mirada de una mujer podía ser tan importante como la de un hombre”, expresa.

“Hemos construido nuestra sentimentalidad leyendo libros de hombres, por tanto muchos hombres podrían ahora construir su sentimentalidad leyendo libros de mujeres. Las escritoras somos tan ambiciosas, tan implacables y tan universales como nuestros colegas varones”, agrega.

La laureada escritora construye sus proyectos literarios con mucha disciplina y “cuando estoy metida en una novela escribo todos los días. Empiezo en el primer momento libre de la mañana y no paro hasta la hora de la comida. Tengo un proceso de trabajo que no cambio jamás y que consiste en no empezar a poner la primera letra de un libro hasta que no lo tengo bien planificado en un cuaderno”, cuenta.

“Lo más importante en una novela es la estructura. Normalmente los críticos no hablan de esto, siempre se refieren a la forma o a la historia, pero una novela es como una casa que puede ser fea, pero si es sólida es “arreglable”. En cambio, una casa puede ser preciosa, pero si sus bases son frágiles no sirve de nada esa belleza”, asegura.

Almudena Grandes se siente una mujer afortunada que ha podido tener la existencia que soñaba gracias a la literatura. Dueña de una extensa obra, no puede elegir con cuál quedarse de todos sus exitosos libros.

“Sin embargo, reconozco que guardo un cariño especial por Las edades de Lulú, pues me dio la vida que ansiaba, por Malena tiene nombre de tango, por su carga autobiográfica y por Los aires difíciles, porque es el libro de la inflexión por medio de la que me di cuenta de que  había escrito todo sobre las mujeres de la Movida española y que si no encontraba un nuevo tema, iba a tener que quedarme callada”, afirma.

Dice  que nunca se siente obligada a decir que el mejor poeta español contemporáneo es su esposo Luis García Montero, “pues si lo hago no se lo va a creer nadie, pero lo cierto es que la admiración es un ingrediente esencial del amor”.

“No se puede querer a alguien si no lo admiras”, dice en referencia al famoso poeta con el que está casada desde 1994 y con el que ha tenido tres hijos.

Fuente: Cadena Ser / Original aquí.

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